Capitalismo y Fracaso

Inténtalo otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.
Samuel Beckett [1]

Escuchando a los apologetas del capitalismo, tan habituales en nuestros tiempos, podría parecer que el capitalismo no admite el fracaso per se. Por otra parte, ante dicha pureza inmaculada e incorruptible del statu quo suele anteponerse con frecuencia [2]  el supuesto fallo irrefutable no sólo de experiencias que se denominaban comunistas o socialistas sino de la misma idea de igualdad. En nuestra sociedad ultraconsensual [3], que celebró con grandes faustos la desaparición de la experiencia soviética como el certificado de defunción de cualquier intento de metarelato, la idea de igualdad y el ánimo de transformación social no representan sino la pantalla fantasmagórica de su verdad, un núcleo totalitario que tarde o temprano terminará generando monstruos como los que alegremente son descritos por la prensa liberal [4]. La crainte des masses, el miedo a un supuesto exceso democrático, es el pilar fundamental del pensamiento conservador [5]. Ante ello, solo nos queda la gestión de lo posible, la aritmética parlamentaria, la “despolitización” de la política, la gobernanza, el gobierno de los técnicos, … diques de contención ante la pretendida pulsión violenta e irracional de la mayoría.

Quizá una de los aspectos que más caracteriza a la ideología (neo)liberal es que se afirma en su negatividad, no se presenta como lo que es, sino que se define mediante su reiterada autonegación. El ejemplo más claro de ello lo tenemos en que para los defensores del capitalismo, éste sencillamente no existe. Podríamos decir que según ellos es un grosero intento marxista de englobar cosas que sólo tienen en común alguna causalidad espacio-temporal, el hecho de ser (supuestamente) simples concreciones históricas de la naturaleza humana. El mero hecho de pronunciar su nombre, antes de que la crisis hiciera su aparición, provocaba sonrojo e incomodo en el receptor. Sin embargo, como dice el dicho romano, excusatio non petita, accusatio manifesta. Para poder fracasar, el capitalismo tiene primero que tomar carta de naturaleza y es precisamente eso lo que negaban con empeño nuestros sofistas de salón.

Sin embargo, en los parámetros ideológicos neoliberales, el socialismo y el comunismo representan el ser en su máxima expresión, una especie de reencarnación de la idea Hegeliana que (existente desde el origen de los tiempos) se va materializando en el devenir histórico uniendo y cohesionando experiencias con un contexto histórico y un alcance geográfico muy dispar. Frente a la concreción capitalista, que aparentemente disocia los estados fallidos, las guerras coloniales, la violencia ciega de los drones y los paramilitares, los paraísos fiscales, … de Wall Street, el Ibex-35, los talleres clandestinos, los muros migratorios, la reforma laboral y muchos aspectos mas, en el imaginario neoliberal el socialismo representa una especie de unidad de destino en lo universal. El capitalismo sencillamente no existe, el comunismo, ha sido, es y será.

Afortunadamente, los devastadores efectos de la crisis capitalista han provocado también un desplazamiento discursivo y lo que antes era una obscenidad protomarxista, ahora reviste carácter de evidencia. El elefante en el salón despertó por fin la atención de los allí presentes. Sin embargo, el empeño inquebrantable de sus cuidadores continuó, y lo que antes sencillamente no existía ahora no existe en suficiente medida. Los cantos de sirenas neoliberales siguen llamando a la desregulación, la profesionalización de la gestión económica y a una mayor liberalización. Sin embargo, como bien destaca Zizek, lo que éstos se empeñan en presentar como ausencias o faltas de capitalismo, no son sino condiciones sine qua non para su existencia y desarrollo.

El capitalismo no son sólo fábricas y oficinas en el primer mundo donde existen sindicatos y cierto marco regulatorio que asegura algún que otro derecho laboral, son también masacres étnicas por gobiernos corruptos que facilitan la extracción de materias primas que son vitales, por ejemplo, para las compañías de Sillicon Valley a las que tanto gusta presumir de medidas de conciliación laboral. El capitalismo significó, por ejemplo, la sangrienta colonización de gran parte del tercer mundo para intentar aliviar el problema de demanda efectiva que le es consustancial, generando un mercado ajeno a los centros de producción (donde los beneficios empresariales suelen ir de la mano de bajadas salariales), al que poder exportar sus mercancías [6]. El capitalismo es sinónimo de guerras de rapiña, como las que ahora desangran a los pueblos de Irak y Afganistán y siguen amenazando a muchos más, para asegurar el abastecimiento energético que permita sostener el 3% de crecimiento anual que requiere el capital. El capitalismo son también las 400.000 familias españolas desahuciadas de sus hogares desde que comenzó la crisis por la supremacía del valor de cambio que es inherente al capital [7], el cual sólo ve en sus casas un activo financiero y no un lugar donde desarrollar lazos afectivos y humanos. La crisis actual no es ninguna anomalía del buen discurrir capitalista, causada por la avaricia de unos cuantos o una importante falta de regulación [8], sino que es la manifestación de contradicciones profundamente inherentes al modo capitalista de producción, al que sirve, como bien señala David Harvey [9], de “racionalizador irracional de un sistema irracional”.

[1] S. Beckett, Worstward Ho. John Calder, 1983.

[2] Sobre todo ahora, que la crisis capitalista esta mostrando claramente las contradicciones que le son inherentes.

[3] En España, el ejemplo más característico es la visión sacramentada sobre lo que significó la Transición. Con la reciente muerte de Carillo pudimos ver que el aspecto más destacado por los representantes del orden fue su capacidad de articular consensos y de renuncia por “el bien de todos los españoles”.

[4] M. Haynes and J. Wolfreys, History and Revolution: Refuting
Revisionism. Verso, 2007.

[5] S. Ziˇek, A. Badiou, G. Agamben, J.-L. Nancy, D. Bensäid, W. Brown,
J. Rancière, and K. Ross, Démocratie, dans quel état? La fabrique éditions, 2009.

[6] Tal y como bien explicaba Rosa Luxemburgo.

[7] D. Harvey, Unraveling Capital’s Contradictions.

[8] Como gusta repetir a muchos liberales y a cierto sectores “socialdemócratas”.

[9] David Harvey, The crisis today, Marxism 2009; David Harvey, Los siete momentos del cambio social , Rebelión, 16 de Mayo de 2010.

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Sobre luchas y clases

La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases.

Karl Marx y Friedrich Engels [1]

Claro que hay una guerra de clases, pero es mi clase, la de los ricos, la que está haciendo la guerra, y la estamos ganando.

Warren Buffet [2]

En términos del geógrafo y antropólogo marxista David Harvey [3], las crisis capitalistas son una “racionalización irracional de un sistema irracional” [4],

La irracionalidad del sistema queda perfectamente clara hoy: masas de capital y trabajo inutilizadas,  codo con codo, en el centro de un mundo pleno de necesidades insatisfechas. ¿Acaso esto no es una estupidez? La racionalización que el capital desea tiene por objeto restablecer las condiciones de extracción de plusvalía, restaurar los beneficios. El medio irracional de lograr este objetivo consiste en suprimir trabajo y capital, condenando inevitablemente al fracaso la racionalización buscada. He aquí lo que entiendo por racionalización irracional de un sistema irracional.

Tenemos a diario cientos de ejemplos de que esto es así. El último de ellos: la reciente aprobación en España de la enésima reforma laboral. En los últimos 20 años se han llevado a cabo en nuestro país al menos 10 reformas laborales que como señala Daniel Lacalle [5] ha llevado a “la consolidación de un mercado de trabajo dual (trabajadores integrados, con contrato fijo y plenitud de derechos, por un lado, trabajadores precarios y sumergidos, con contratos-basura de uno u otro tipo, sin derechos o bien sin la posibilidad real de ejercerlos, por el otro)”. Fruto de ello tenemos una clase trabajadora precarizada, segmentada y cada vez más empobrecida, lo que permite al capital intentar solventar el problema de ganancia al que se enfrenta a través de un nuevo abaratamiento de la mano de obra.

Aunque la susodicha reforma se presente ante los medios de comunicación como una especie de bálsamo de Fierabrás contra el paro, la verdad es que sus precursores saben muy bien que no tiene nada que ver con esto. Se trata simple y llanamente de un proyecto de clase (sí, pero de la que posee los medios de producción y distribución) para dar una vuelta de tuerca más a la explotación a la que somete a los trabajadores de este país. Utilizando los términos de D. Harvey, la acumulación de capital es un proceso dinámico e inherentemente contradictorio que, en diferentes momentos y lugares, se encuentra con barreras fruto de sus propios desequilibrios y contradicciones internas. Como decía Marx [6], “el verdadero amor nunca avanza con suavidad”. Es ahí donde vuelve a aparecer el racionalizador irracional para evitar que la barrera se vuelva obstrucción y permitir que el proceso acumulativo pueda volver a andar más fresco y más sano. Eso sí, a costa de aquellos que lo soportamos sobre nuestros hombros:

Durante una etapa del proceso de trabajo, el obrero se limita a producir el valor de su fuerza de trabajo, es decir, el valor de sus medios de subsistencia [...] La parte de la jornada de trabajo en que se opera esta reproducción es la que yo llamo tiempo de trabajo necesario, dando el nombre de trabajo necesario al desplegado durante ella [...]. La segunda etapa del proceso de trabajo, en que el obrero rebasa las fronteras del trabajo necesario, le cuesta, evidentemente trabajo, supone fuerza de trabajo desplegada, pero no crea valor alguno para él. Crea la plusvalía [...]. Esta parte de la jornada de trabajo es lo que yo llamo tiempo de trabajo excedente, dando el nombre de trabajo excedente al trabajo desplegado en ella [...]. La cuota de plusvalía –trabajo excedente dividido por trabajo– es, por tanto, la expresión exacta del grado de explotación de la fuerza de trabajo por el capital o del obrero por el capitalista. [7]

Así, incrementando la cuota de plusvalía, ya sea con una disminución del salario real o mediante el aumento de la productividad por encima de este último, los empresarios se aseguran una mejor base a la hora de retomar el proceso de acumulación y restaurar así los beneficios*. Si miramos los detalles de la última reforma laboral (abaratamiento del despido, merma importante de la negociación colectiva, ampliación del periodo de prueba, …) no podemos sino convencernos de que es precisamente eso, y no la lucha contra el paro (sic),  lo que se está persiguiendo.

Sin embargo, no sólo en el acceso a una fuerza de trabajo más vulnerable y barata se encuentra la “solución” del capital a la actual crisis. Una de las mayores barreras a la que se enfrenta el proceso de acumulación en estos momentos es la ausencia de rentabilidad en sus inversiones; pues para que los beneficios del capital invertido previamente se vuelvan a poner de nuevo en circulación, los capitalistas necesitan saber que la cosa es rentable**. Algo que ya estaba en el origen de la actual crisis, ya que fue la caída de la tasa de ganancia en los años 70 lo que llevó a la actual hipertrofia del sector especulativo y financiero, con  beneficios mucho más golosos que los del sector productivo.

Podemos convencernos fácilmente que si el capitalismo necesita un 3% de crecimiento anual para que el proceso acumulativo pueda seguir su rumbo sin dificultades, resultaba infinitamente más sencillo encontrar nichos de inversión en los albores del capitalismo –donde sólo ciertas regiones de Inglaterra estaban conquistadas por el capital — que en el siglo XXI, donde apenas queda rincón del planeta por colonizar. Ante este panorama, el capital tiene un par de soluciones que también nos parecerán de actualidad: la acumulación por desposesión y/o la guerra.

Sobre esta última, poco hay que decir salvo que no sabemos en que momento preciso estallará definitivamente el conflicto bélico. Centrémonos pues en la acumulación por desposesión. Éste término fue acuñado por David Harvey para denotar los procesos de apropiación que se dan en el capitalismo neoliberal de formas de propiedad ajenas en cierta medida al mercado. Nos referimos en particular a la apertura al capital privado de sectores económicos hasta entonces bajo control público, como la educación, la salud, el sistema público de pensiones o incluso la defensa. Al igual que en la transición del feudalismo al capitalismo, el capital absorbió de forma violenta formas precapitalistas de propiedad colectiva, dando lugar a la acumulación originaria, en el momento actual la clase capitalista utiliza su control del aparato del estado para enajenar a la población recursos y bienes que previamente eran de titularidad pública.

Ésta es la segunda pata en la que se sustenta la solución neoliberal y es, precisamente, en este contexto en el que hay que interpretar los crecientes ataques al estado del bienestar (reforma de las pensiones, privatización de la educación superior, privatización de la sanidad, …). Así pues, podemos estar seguros de encontrarnos en un periodo de intensa lucha de clases. Sin embargo, hasta ahora sólo hemos hecho sino resistir en mejor o peor medida los embates del 1% de la población, parece que es hora de despertar…

* Me gustaría señalar que nos referimos aquí a los beneficios de los capitalistas como clase, lo que no entra en contradicción con que ciertos sectores de la clase – véase el capital financiero – o capitalistas individuales – véase Botín – puedan tener pingües beneficios.

** Si no, se gastan los beneficios en artículos de lujo (el consumo mundial de lujo se incrementó en un 8% en el 2011) o se guardan el dinero en espera de tiempos mejores –como hacen actualmente los bancos.

Referencias

[1] Karl Marx y Friedrich Engels, El Manifiesto Comunista.

[2]  Ben Stein, In Class Warfare, Guess Which Class Is Winning, The New York Times, 26 de Noviembre de 2006.

[3] David Harvey, El nuevo imperialismo, Ediciones Akal, 2004; The condition of postmodernity, Wiley-Blackwell, 2004; The limits to capital, Verso, 2006; Breve historia del neoliberalismo, Ediciones Akal, 2007; Paris, capital de la modernidad, Ediciones Akal, 2008; A companion to Marx’s Capital, Verso, 2010; The Enigma of Capital: And the Crises of Capitalism, Profile Books, 2011.

[4] David Harvey, The crisis today, Marxism 2009; David Harvey, Los siete momentos del cambio social , Rebelión, 16 de Mayo de 2010.

[5] Daniel Lacalle, Hacia la desregulación laboral , Mundo Obrero, Mayo de 2010.

[6] David Harvey, The Enigma of Capital: And the Crises of Capitalism, Profile Books, 2011. Página 67.

[7] Karl Marx, El capital, crítica de la economía política, Libro I, México, Fondo de Cultura Económica, 1964, capítulo VII, “La cuota de plusvalía” pp. 163-165. Cita tomada de Daniel Lacalle, La clase trabajadora, veinte años después del Estatuto de los Trabajadores y sus reformas (1980-2005), Papeles de la FIM, 26-27, pp. 183-204.

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Cuba va

En la madrugada del 1 de Enero de 1959 entraron victoriosas las primeras tropas rebeldes a la capital cubana. Ese mismo día Fidel llega triunfante a Santiago de Cuba, declarándola provisionalmente capital de Cuba. Las masivas manifestaciones de alegría y júbilo por parte del hasta entonces oprimido pueblo de Cuba simbolizaron la caída definitiva de la dictadura de Fulgencio Batista. De este modo, lo que comenzó con el viaje de 82 guerrilleros en un pequeño yate, el Granma, terminó con la primera victoria guerrillera en la historia de América sobre un ejército regular apoyado económica y militarmente por EEUU. Y todo esto, tan sólo a 90 millas de las costas de Florida.

La cercanía a las costas de Estados Unidos y el carácter progresista y de clase de la revolución cubana pusieron desde un primer momento a la isla en el punto de mira de su poderoso vecino. Los Estados Unidos no podían permitir que la mecha de la revolución prendiese en toda América Latina, pues esto significaría una importante pérdida de hegemonía y un cambio notable de la correlación de fuerzas a nivel internacional. Se inicia pues una política de acoso que tiene su apogeo en el intento fallido de invasión de Playa Girón. Tropas mercenarias cubanas entrenadas y fuertemente armadas por la CÍA y el Pentágono intentaron tomar posiciones en la isla para establecer un gobierno provisional contrarrevolucionario que sería la antesala de la intervención explícita de los Estados Unidos. Ese mismo año, miles de jóvenes cubanos regresaban a la Habana para informar al gobierno que la campaña de alfabetización lanzada por la revolución cubana había sido un éxito: Cuba quedaba libre de analfabetismo [1]. Más de 50 años después, y a pesar de un bloqueo criminal que ha supuesto pérdidas a la isla por valor de 975 mil millones de dólares [2], Cuba sigue asombrando al mundo. Como comenta el periódico británico The Independent [3]:

“Las estadísticas son suficientes por si solas para volver verde de envidia al padre de un escolar promedio británico: existe un estricto máximo de 25 niños por aula de primaria, muchas de las cuales tienen solamente 20. Los estudiantes de secundaria se dirigen a clases de sólo 15 alumnos – menos de la mitad que la norma británica”

Por otro lado [3] ,

“Cuba gasta el 10 por ciento de su presupuesto en educación, comparado con el 4 por ciento en el Reino Unido y sólo el 2 por ciento en los Estados Unidos, de acuerdo a la Unesco. El resultado es que tres de cada cinco cubanos mayores de 16 años se encuentran en algún tipo formal de educación superior. […] En sólo medio siglo, Cuba ha desarrollado uno de los sistemas educativos más exitosos, admirado en todas partes, del Reino Unido a Canadá y Nueva Zelanda.”

En materia de política sanitaria, Cuba también ocupa un papel privilegiado a escala internacional con un promedio de 62,7 médicos por cada 10.000 habitantes y 4,9 camas de hospital por cada 1.000 habitantes [4]. La mortalidad infantil en la isla es de 5,3 infantes por cada 1000 nacimientos, frente a los 7 por cada 1000 de los Estados Unidos [4]. Actualmente, mas de 20.000 estudiantes extranjeros estudian medicina en Cuba [5] y, sólo en 2011, 40 estudiantes de medicina estadounidenses becados de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) terminaron sus estudios con la intención de regresar a su país para practicar la medicina entre los más desfavorecidos [6]. Al mismo tiempo, la misión médica cubana en Haití se ocupa de la inmensa mayoría de los casos de cólera que sacuden la isla [7,8]

 “No hay duda de que la misión cubana ha sido vital en Haití. Fue uno de los contingentes más grandes de ayuda internacional en responder después del terremoto de enero 2010 que precipitó una crisis en Haití. Y desde el brote de la cólera, la misión ha tratado a más de 76.000 casos de la enfermedad. Solamente 272 de esos pacientes han muerto – una proporción mucho menor, de 0,36 por ciento, que el promedio en Haití en su conjunto, en el que un 1,4 por ciento de los casos terminan en la muerte , de acuerdo con el Ministerio de Salud.”

Por otro lado, la organización internacional Save the Children informó que Cuba ocupa el 8º puesto en una lista de 161 naciones a la hora de cuidar niños enfermos [9], por delante de Alemania (10º), Francia (12º), Reino Unido (14), Estados Unidos (15) o España (30). Igualmente, en la categoría de países poco desarrollados, Cuba es el mejor país para ser madre por delante de países como Chile, Brasil, Argentina, México o Israel [10]. Cuba es también el único país americano junto a Estados Unidos y Canadá que ha conseguido eliminar virtualmente la transmisión del virus del sida de madre a hijo y la sífilis congénita [11].

Pero no sólo en materia educativa y sanitaria podemos aprender de Cuba. En un periodo de intensa lucha de clases como el actual, donde el capital financiero escenifica su dominio en Europa a través de gobiernos tecnócratas que no han sido ni tan siquiera fruto de la democracia formal a la que nos tiene acostumbrados el capitalismo, el debate por parte de casi 9 millones de cubanos de las actuales reformas económicas que se suceden en Cuba es buena prueba de ello. Mientras que en Europa y en el resto de países capitalistas, la clase trabajadora se ve despojada de la capacidad de opinar sobre las reformas antisociales que intentan dar una vuelta de tuerca más en su explotación, en Cuba el pueblo discutió en más de 163 000 reuniones los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución [12].

Referencias

[1] Margarita Alarcón Perea, Dos batallas un mismo aniversario, Cubadebate.

[2] Ramón Pedregal Casanova, 48 años de bloqueo estadounidense, Cubadebate.

[3] Latin lessons: What we can learn from the world’s most ambitious literacy campaign? The Independent.

[4] http://www.medicc.org/publications/cuba_health_reports/cuba-health-data.php

[5] http://www.saludthefilm.net/ns/elam.html

[6] Cuba ofrece becas a estadounidenses a pesar de bloqueo, Cubadebate.

[7] Randal C. Archibold Cuba Takes Lead Role in Haiti’s Cholera Fight, The
New York Times.

[8] New York Times destaca esfuerzo de Cuba en la lucha contra el cólera en Haití, Cubadebate.

[9] Cuba entre los mejores países para cuidar niños enfermos, asegura Save The Children, Cubadebate.

[10] Informe Estado Mundial de las Madres 2011, Save The Children.

[11] OPS: EEUU, Canadá y Cuba eliminaron transmisión de VIH de madre a hijo, Cubadebate.

[12] Raúl inaugura VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, Cubadebate.

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La democracia liberal

En nuestras sociedades occidentales la ”democracia” se ha convertido en un fetiche, una palabra hueca sacralizada por la ausencia de crítica que denota una forma muy concreta de sistema parlamentario nacido a raíz de las revoluciones burguesas del siglo XVIII y XIX y que sirve para legitimar las agresiones más brutales a aquellos que no se encuentran ungidos por ella. Del etimológico poder del pueblo griego, la ”democracia” se ha transformado en un emblema [1] que permite a los que la invocan definir claramente los límites de lo aceptable. Así, por ejemplo, en nombre de la ”democracia” se cierran periódicos [6], se prohíben partidos políticos [5] y se calla a gritos al que opina distinto en nuestro Estado [4], se invade Afganistan e Irak, se bloquea a Cuba, se bombardea Ecuador o se realiza un continuo hostigamiento al gobierno venezolano [2].

Sin embargo, si entendemos por democrático cualquier sistema donde la inmensa mayoría de la población pueda decidir libremente sobre su propio futuro, podemos afirmar de forma categórica que capitalismo y democracia son conceptos antagónicos. ¿Acaso se puede calificar de democrático un sistema donde un puñado de individuos acapara la propiedad de los medios de producción obligando al resto a vender su fuerza de trabajo para subsistir? No, no puede recibir dicho apelativo un régimen donde una esfera social tan importante como la economía escapa al control popular y donde la gran mayoría de la población, los trabajadores asalariados, pasa más de un tercio de su vida en estructuras – los centros de trabajo – donde no tiene ni voz ni voto. Sólo introduciendo la democracia en los centros de trabajo y otorgando la posibilidad a los trabajadores de decidir democráticamente qué, y cómo, van a producir, podremos romper las cadenas con que el capitalismo nos ata.

En el día a día recibimos multitud de ejemplos que nos ilustran que el llamado ”sistema democrático” no es [7]

un marco vacío que puede ser usado por diferentes actores políticos, sino que existe un ”sesgo de clase” inscrito en este cuadro institucional vacío.

La reciente reforma constitucional no es sino el último ejemplo de una larga lista de ”anomalías democráticas” que son en realidad hijos legítimos de nuestro sistema liberal. Citando a Lenin [3],

no puede hablarse de ”democracia pura” mientras existan diferentes clases, y sólo puede hablarse de democracia de clase [...] pues la democracia burguesa sigue siendo siempre — y no puede dejar de serlo bajo el capitalismo — estrecha, amputada, falsa, hipócrita, paraíso para los ricos y trampa y engaño para los explotados, para los pobres.

Es por eso que el signo de autenticidad cuando la izquierda llega al poder por la vía electoral, es el hecho que [7]

ella comienza por cambiar las reglas — no solamente los mecanismos electorales y estatales, sino la lógica completa del espacio político, apoyándose directamente en los movimientos de movilización, imponiendo nuevas formas de auto-organización locales, etc. para garantizar la hegemonía de su base.

Por eso, frente a este marco viciado que supone la democracia formal en la que vivimos, se impone, más necesaria que nunca, la tarea de crear un nuevo orden donde

la circulación no sea la de la moneda, ni el orden de acumulación el del Capital. Se negará entonces confiar el devenir de las cosas a la propiedad privada

pues como afirma Badiou [1]

lo contrario de la democracia, en el sentido que le da, en el momento de su crepúsculo interminable, el capitalo-parlamentarismo, no es el totalitarismo, ni la dictadura. Es el comunismo. El comunismo que, para hablar como Hegel, absorbe y sobrepasa el formalismo de las democracias limitadas.

Referencias

[1] A. Badiou. L’emblème démocratique. Démocratie, dans quel état? La Fabrique éditions, 2009.

[2] Adrián Carmona. Algunos datos sobre Venezuela. Rebelión, 25 de Agosto de 2011.

[3] V. I. Lenin. Contra el revisionismo, la revolución proletaria y el renegado Kautsky. Editorial Fundamentos, 1975.

[4] Santiago Alba Rico, Belén Gopegui, Pascual Serrano y Carlos Fernández Liria. Imponer silencio a gritos. Rebelión, 4 de Marzo de 2010.

[5] Isaac Rosa. Homeopatía en las listas de Bildu. Público, 28 de Abril de 2011.

[6] Isaac Rosa. Egunkaria: que se haga justicia. Público, 1 de Febrero de 2010.

[7] S, Zizek. De la démocratie à la violence divine. Démocratie, dans quel état? La Fabrique éditions, 2009.

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Algunos datos sobre Venezuela

Es habitual encontrar en los medios de comunicación de nuestro país referencias constantes a la situación venezolana. Noticias que no tendrían ninguna repercusión si sucediesen en cualquier otro país del mundo –a excepción de Cuba, claro está — tienen acogida segura en los mass media españoles [1-5] cuando se trata de Venezuela.

Esta particular euforia informativa en todo lo que respecta al país caribeño busca transmitir una sensación constante de inseguridad e inestabilidad. Como destaca el periodista Pascual Serrano [6]

Los ciudadanos habrán podido comprobar la constante presencia de Venezuela en los medios de comunicación. Pareciese que se trata de un país al borde del caos, de la desestabilización, en conflicto y crisis constante. Y todo a pesar de que no llegan informaciones que hablen de muertos por violencia política, represión policial, disturbios callejeros o huelgas masivas. Las organizaciones de derechos humanos no tienen constancia de periodistas presos o ciudadanos perseguidos por razones ideológicas. En cambio, países que atraviesen por mucha mayor conflictividad social como Chile, Perú o México no suelen ser noticia.

Algo similar comentaba Santiago Alba Rico [7] al respecto de la atención informativa prestada por los grandes medios de comunicación  españoles sobre la actualidad cubana, mientras se pisoteaban brutalmente los derechos humanos en Túnez:

De enero a junio de ese año 2005, por ejemplo, El País publicó 618 noticias relacionadas con Cuba, donde no pasaba nada, y 199 sobre Túnez, todas sobre el turismo o el mundial de balonmano; El Mundo, en esas mismas fechas, registró 5162 entradas sobre Cuba, país donde no pasaba nada, y sólo 658 sobre Túnez, casi todas sobre el mundial de balonmano; y ABC tendió 400 veces la mirada hacia Cuba, país donde no pasaba nada, mientras sólo mencionaba a Túnez 99 veces, 55 de ellas en relación con el mundial de balonmano. El 10 de marzo de ese mismo año una rápida búsqueda en Google entregaba 750 enlaces sobre el reparto del gobierno cubano de las famosas ollas arroceras y sólo tres (dos de Amnistía Internacional) sobre la huelga de hambre y la tortura a presos en Túnez.

Sin embargo, la realidad que se levanta frente a la imagen ideológica que transmiten los medios de comunicación de masas es otra [8]:

Economía

La economía venezolana ha crecido un 47,4% en el periodo que va de 1998 a 2008 (los diez primeros años de gobierno bolivariano), lo que equivale a un ritmo del 4,3% anual. En términos del crecimiento económico por persona, el PIB venezolano creció en este periodo un 18,2%. Es interesante contrastar esta cifra con los datos del periodo previo a primera victoria electoral de Chávez, cuando la economía venezolana sufrió una de las peores caídas del mundo. Entre 1978 y 1998 el PIB por persona sufrió una contracción del 21,5%.

Si nos centramos en el periodo posterior a la toma de control de la empresa estatal de petróleo (Pdvsa) por parte del gobierno bolivariano (anteriormente bajo control de sectores abiertamente hostiles al gobierno, que utilizaron el sector petrolero estatal para tratar de desestabilizar y derrocar al gobierno electo) los datos de crecimiento mejoran espectacularmente. El PIB real venezolano creció en un 94,7% en 5,25 años, lo que significa un ritmo anual del 13,5%.

Un dato importante a tener en cuenta es que el sector no petrolero ha disfrutado, en gran parte, de tasas de crecimiento mayores al sector petrolero. Lo mismo puede decirse del sector privado.

Lucha contra la pobreza

Según el informe Nuestra Democracia [9], elaborado por la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Venezuela encabeza la lista de países de América Latina que más redujo la pobreza. Los datos confirman que [8]

el porcentaje de hogares en condiciones de pobreza se ha reducido en más de la mitad, desde un 54% en el primer semestre de 2003 hasta un 26% para finales de 2008. El porcentaje de hogares en extrema pobreza disminuyó aún más: una caída del 72%, hasta un 7% de hogares en condiciones de pobreza extrema.

Igualmente, en el periodo 1998-2008 el índice de Gini (coeficiente que mide el nivel de desigualdad de un país; con 0 correspondiendo a una igualdad perfecta y 1 a la completa desigualdad) ha caído, en tanto por ciento, aproximadamente 6 puntos, desde 46,96 a 40,99. Podemos compararlo con la evolución seguida con dicho indicador en EEUU, que entre 1998 y 2005 experimentó un cambio similar pero en dirección opuesta, aumentando de 40,3 hasta un 46,9.

Salud

En los diez primeros años de gobierno bolivariano, la mortalidad infantil [8] ”se ha reducido por más de un tercio, cayendo desde unas 21,4 hasta 13,7 defunciones por cada 1000 nacidos vivos”. Igualmente, los venezolanos han disfrutado de importantes avances en seguridad alimentaria. En particular [8],

el consumo calórico promedio ha aumentado desde un 91,0 % de los niveles recomendados en 1998 hasta un 101,7% en 2007. Aún más importante, las muertes relacionadas a la malnutrición se han reducido por más de un 50%, desde 4,9 a 5,3 defunciones por cada 100.000 habitantes entre 1998 y 2006.

Por otro lado [8],

en 1998, el 80% de venezolanos tenía acceso a agua potable y el 62% a servicios de saneamiento. En 2007, el 92% tenía acceso a agua potable y el 82% a saneamiento.  En comparación con el año 1998, aproximadamente cuatro millones de venezolanos más tienen ahora acceso a agua potable y más de cinco millones más a servicios de saneamiento.

En cuanto a la atención sanitaria ofrecida a la población venezolana,

entre 1999 y 2007, el número de médicos de atención  primaria en el sector público aumentó por más de doce veces, de 1.628 a 19.571, brindando así atención médica a millones de venezolanos en situación de pobreza que previamente no tenían acceso a servicios de salud. En 1998, el país contaba con 417 salas de emergencia, 74 centros de rehabilitación y 1.628 centros de atención primaria en comparación con 721 salas de emergencia, 445 centros de rehabilitación y 8.621 centros de atención primaria (incluyendo las 6.500 clínicas populares, generalmente en barrios de escasos recursos) para febrero de 2007.

Educación

En materia educativa [8]

La tasa de escolaridad neta para la educación básica (grados del 1 al 9) ha aumentado desde un 85 hasta un 93,6%, y la escolaridad para la educación secundaria ha aumentado aún más, desde un quinto de la población hasta más de un tercio [...] Para la educación secundaria, el aumento significa que un 14,7% de adolescentes entre 15 y 19 años de edad, lo que equivale a alrededor de 400.000 individuos, han tenido la posibilidad de continuar su educación como resultado directo de una mayor inversión social. Los avances más importantes se han dado en la educación superior: entre los años escolares 1999-2000 y 2006-2007, la escolarización aumentó en un 86%.

Otros datos

En los primeros diez años de gobierno bolivariano (1998-2008) :

  • El desempleo cayó desde un 11,3% hasta el 7,8%.
  • El número de beneficiarios del sistema de seguridad social se ha más que duplicado.
  • La deuda pública total ha disminuido desde 30,7% al 14,3% del PIB.

Referencias

[1] Pascual Serrano, Ahora Chávez persigue a Los Simpsons.

[2] Pascual Serrano, El País, Los Simpsons y Padre de familia.

[3] Pascual Serrano, Era en Francia, no en Venezula.

[4] Pascual Serrano, Venezuela y Cuba como munición. 

[5] Pascual Serrano, En Venezuela prohíbe Chávez, en Francia la justicia.

[6] Pascual Serrano, Venezuela, donde lo normal siempre es un escándalo.

[7] Santiago Alba Rico, Y de pronto, la revolución.

[8] Mark Weisbrot, Rebecca Ray y Luis Sandoval. El gobierno de Chávez después de 10 años: Evolución de la economía e indicadores sociales. Center for Economic and Policy Research (CEPR). Febrero 2009.

[9] TeleSur, Naciones Unidas y OEA confirman reducción de pobreza en Venezuela.

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It’s a free world

Tras la aparición en pantalla del título de la película, It’s a free world…, Ken Loach fabrica una poderosa contra-imagen a base de varias secuencias de la vida cotidiana. Así, la frase ”Es un mundo libre…” se contrapone, por ejemplo, con imágenes de trabajadores esperando el transporte público que los llevará, como cada día, a su puesto de trabajo. Dicha ruptura entre imagen y texto ilustra muy bien la disonancia existente entre el discurso que nos inunda en la sociedad capitalista y nuestra práctica cotidiana.

Libre es el mercado que hace a todos los trabajadores competidores a escala global. Libre es la competencia no falseada que propugna la Unión Europea y que prohíbe o desalienta la gestión pública de nuestros recursos. Libre debe ser la prestación de servicios por empresas de la UE según la Directiva sobre desplazamiento de trabajadores que sirve al Tribunal Europeo de Justicia de coartada para reducir drásticamente los derechos de los trabajadores (véanse [1] los casos Vaxholm, Viking y Rüffert). Como bien señalaba Marx [2]:

Señores, no os dejéis imponer por la palabra abstracta de libertad. ¿Libertad de quien? No se trata de la libertad de un simple individuo, en presencia de otro individuo. Se trata de la libertad del capital de aplastar al trabajador.

La democracia capitalista se presenta así misma como el mejor de los sistemas posibles. Para reproducir las relaciones sociales que le son necesarias, ésta nos somete a una dominación ideológica por muchos confundida con el fin de las ideologías. En España tenemos pruebas fehacientes de su eficacia. Así, desde la firma del Estatuto de los trabajadores en la tan laureada Transición Española las derrotas cosechadas por la clase trabajadora han sido innumerables (ver por ejemplo Papeles de la FIM, 26-27, La clase trabajadora, después del Estatuto de los Trabajadores y sus reformas.). Numerosas reformas que han ido acompañadas de una atomización de la clase trabajadora (expresamente buscada por la patronal) y de un fuerte retroceso de las rentas del trabajo frente a las rentas del capital. Parece que la llegada de la democracia no puso las cosas tan fáciles como pensábamos. Como decía Lenin [3]:

 En el más democrático Estado burgués, las masas oprimidas tropiezan a cada paso con una contradicción flagrante entre la igualdad ”formal”, proclamada por la democracia de los capitalistas, y las mil limitaciones y tretas ”reales” que convierten a los proletarios en ”esclavos asalariados”.

A pesar de que esto no es nada nuevo, existe un elemento novedoso en las democracias liberales que las hace a mi entender aún más temibles que aquellas que existían en los tiempos de la revolución bolchevique: la aceptación explícita del acto de sumisión. En palabras de Zizek [6] :

la ideología dominante se esfuerza por vendernos la mismísima inseguridad causada por el desmantelamiento del Estado del bienestar como la oportunidad de alcanzar nuevas libertades: ¿tiene usted que cambiar de trabajo todos los años, dependiendo de contratos de corta duración en lugar de un puesto estable y duradero? ¿Por qué no considerarlo como una liberación de las restricciones que supone un trabajo fijo, y como una oportunidad de reinventarse una y otra vez, para captar y comprender los potenciales ocultos de su personalidad?

Así, el sujeto liberal no sólo es víctima de la opresión a la que le somete el capital sino que además lo asume conscientemente, anulando la posible capacidad de respuesta de la clase trabajadora. Podemos ver un ejemplo de esto en la medicalización creciente de los problemas derivados de la explotación capitalista. Así, al comienzo de la crisis leíamos que [5] ”el Gobierno del Reino Unido destinará 13 millones de libras (14,5 millones de euros) para pagar los servicios terapéuticos a los ciudadanos que sufran problemas psicológicos, como depresión o ansiedad, como consecuencia de la crisis económica”, es decir, aquellos que no asuman con filosofía la pérdida de su empleo tienen un problema y deben ser tratados médicamente.

Por otro lado, en las democracias burguesas, el sujeto liberal posee a su disposición una libertad formal casi infinita que se ve contrarrestada por una libertad real totalmente nula. Por poner un ejemplo, cualquier norteamericano tiene la libertad formal de viajar a donde le venga en gana aunque sólo el 10% de ellos tenga pasaporte y la gran mayoría muera sin poner los pies fuera de su país. Son muy ilustrativos en este campo los experimentos realizados por el psicólogo social Jéan-Leon Beauvois [2] que

establecían la siguiente paradoja: si, después de conseguir que dos grupos de voluntarios accedieran a participar en un experimento, se les informa de que dicho experimento supondrá algo desagradable, contrario a su ética incluso, y si, en ese momento, se les recuerda al primer grupo que tiene la posibilidad de decir que no, y al otro no se le dice nada, en ambos grupos, el mismo porcentaje (muy elevado) aceptará seguir participando en el experimento. Lo que esto significa es que conceder la libertad de elección formal no marca diferencia alguna: aquellos a quienes se les da libertad escogen lo mismo que aquellos a quienes (implícitamente) se les niega [6].

Es imperativo pues, defender frente a esta falsa elección la libertad real como aquella que es capaz de transformar el marco en que nos movemos. Como resume Zizek [6],

la elección verdaderamente libre es aquella en la que no sólo escojo entre dos o más opciones dentro de un par de coordenadas dado, sino aquella en la que decido cambiar el propio conjunto de coordenadas. Así se explica los ataques de Lenin contra la libertad ”formal”: no hay ninguna democracia ”pura”, siempre deberíamos preguntar a quién sirve la libertad, cuál es la función de dicha libertad en la lucha de clases. La libertad ”formal” es la de elegir dentro de las coordenadas de las relaciones de poder existentes, mientras que la libertad ”real” señala el espacio de una intervención que socava las coordenadas en sí.

[1] El dumping social en europa: los casos vaxholm, viking y rüffert y la futura
directiva bolkestein. Utopias / Nuestra Bandera, Número 216, 2008.

[2] Jean-Léon Beauvois. Tratado de la servidumbre liberal. La Oveja Roja, 2008.

[3] V. I. Lenin. Contra el revisionismo, la revolución proletaria y el renegado Kautsky.

[4] Carlos Marx. Extracto de un discurso pronunciado ante la Asociación democrática de Bruselas. 7 de Enero, 1848.

[5] Pascual Serrano. Perlas del mes de marzo de 2009, http://www.pascualserrano.net.

[6] Slavoj Zizek. Prólogo al Tratado de la servidumbre liberal, de Jean-Léon Beauvois. La Oveja Roja, 2008

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Al Sur de la Frontera

En una sociedad como la nuestra donde un puñado de familias acapara la inmensa mayoría de medios de comunicación existen ciertos temas que provocan la más absoluta unanimidad. Encontramos abundantes ejemplos de ello en la esfera económica, donde los presupuestos ideológicos neoliberales son presentados por editoriales y artículos de opinión de los mass media como axiomas, verdades absolutas o ejemplos de sentido común. Bancos, fondos de inversión, constructoras y demás propietarios de los principales medios de difusión se esfuerzan sistemáticamente en presentar sus intereses de clase como el fruto de un consenso científico que nunca existió. El debate de las pensiones [1], la última reforma laboral o el proceso de privatización de las cajas de ahorro son algunos ejemplos del funcionamiento de estos Aparatos Ideológicos de Estado [2].

Sin embargo, no sólo en la Economía encontramos temas sensibles a la clase dirigente. Podemos convencernos de esto sin más que echar un vistazo a la sección de política internacional de cualquier informativo o periódico que queramos. En dichas páginas no encontraremos los nombres de ciertos presidentes de gobierno aún cuando en sus países se produzcan brutales violaciones de los derechos humanos. Por ejemplo, no se hablará de Felipe Calderón (presidente de México) aunque la corrupción de su gobierno y la represión puesta en marcha por el aparato militar sean en parte responsable de los más de 15.000 asesinatos del 2010. Con gran dificultad encontraremos noticias sobre Colombia, un país donde fueron asesinados 48 sindicalistas en 2009 [3] (casi el 50% del total de 101 sindicalistas asesinados en el mundo en ese mismo año), se encontró la mayor fosa común del continente con más de 2000 cuerpos depositados por las tropas del ejército colombiano [4] y donde, según han revelado los cables de Wikileaks, el asesinato de civiles para contabilizarlos luego como guerrilleros era una práctica habitual por parte del ejército de Uribe [5]. La lista de ausencias es interminable y debería pasar por la Honduras de Porfirio Lobo (12 sindicalistas muertos en 2009 y más de 10 periodistas muertos en 2010), el Egipto de Hosni Mubarak (donde el brutal asesinato del bloguero Khaled Said en manos de la policía [6] no despertó la más mínima atención por parte de los medios de comunicación españoles), el sanguinario Reino de Marruecos que ocupa y reprime al pueblo Saharaui, la dictadura Saudí o el recién liberado Túnez (aunque la gran mayoría de los lectores españoles se enteró a posteriori que Ben Ali era un dictador [7]).

Los huecos dejados en la prensa y en los informativos por estos países son llenados con abundantes noticias sobre los países díscolos, aquellos que se atreven a separarse de la guía que previamente el imperialismo le ha trazado. Así, como comentaba Santiago Alba Rico a propósito del caso de Túnez [8] (sede del mundial de balonmano en 2005)

De enero a junio de ese año 2005, por ejemplo, El País publicó 618 noticias relacionadas con Cuba, donde no pasaba nada, y 199 sobre Túnez, todas sobre el turismo o el mundial de balonmano; El Mundo, en esas mismas fechas, registró 5162 entradas sobre Cuba, país donde no pasaba nada, y sólo 658 sobre Túnez, casi todas sobre el mundial de balonmano; y ABC tendió 400 veces la mirada hacia Cuba, país donde no pasaba nada, mientras sólo mencionaba a Túnez 99 veces, 55 de ellas en relación con el mundial de balonmano. El 10 de marzo de ese mismo año una rápida búsqueda en Google entregaba 750 enlaces sobre el reparto del gobierno cubano de las famosas ollas arroceras y sólo tres (dos de Amnistía Internacional) sobre la huelga de hambre y la tortura a presos en Túnez.

De este modo, los mismos medios de comunicación que criminalizan constantemente a los gobiernos progresistas de América Latina pagan con su silencio los servicios prestados por los títeres del imperialismo. Todo ello bajo atenta supervisión del gendarme yanqui [9], que vela celosamente por sus intereses en la región.

Es por esto que una película como Al Sur de La Frontera (con dirección de Oliver Stone y guión de Tariq Ali) no sólo es deseable sino absolutamente necesaria, ya que pese a sus múltiples carencias intenta contrarrestar en la medida de lo posible la visión creada por los mass media sobre los cambios que se están llevando a cabo en el continente latinoamericano.

[1] Vincenç Navarro, El dogma neoliberal y las pensiones.

[2] Louis Althusser, La filosfía como arma de la revolución, Siglo XXI, 2008.

[3] Informe anual de la CSI: 101 sindicalistas asesinados en 2009

[4] Público, Aparece en Colombia una fosa común con 2.000 cadáveres.

[5] Público, El asesinato de civiles era algo habitual en el ejército de Uribe.

[6] Pascual Serrano, Asesinato de bloguero.

[7] Pascual Serrano ¿Pero había una dictadura en Túnez?

[8] Santiago Alba Rico, Y de pronto, la revolución.

[9] Pascual Serrano, Wikileaks: La distancia entre los cables y la información difundida.

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