Postfordismo y Clases Sociales

En muchos aspectos hoy estamos más cerca de las cuestiones del siglo XIX que de la historia revolucionaria del XX. Una amplia variedad de fenómenos del siglo XIX está volviendo a aparecer: vastas zonas de pobreza, desigualdades crecientes, una política disuelta en el “servicio de la riqueza”, el nihilismo de partes considerables de la juventud, el servilismo de buena parte de la intelligentsia; el experimentalismo, asediado y circunscrito, de unos cuantos grupos que tratan de expresar la hipótesis comunista…

Alain Badiou [1]

Vivimos tiempos convulsos, donde amplias masas de la población del epicentro capitalista son sometidas a un terrible proceso de  pauperización mientras asistimos atónitos a una acumulación por desposesión de proporciones colosales donde sanidad, educación, pensiones …, (1) son arrebatadas a la posesión colectiva de los trabajadores para el beneficio del capital financiero y una mal entendida “recuperación económica”. Sólo en España, en el periodo 2008-2012 se realizaron unas 416.000 ejecuciones hipotecarias [2], mientras el número de familias con todos sus miembros en paro roza ya los dos millones, según la última Encuesta de Población Activa (EPA) [3]. Una situación que no sólo se circunscribe a nuestro país, y que es fácilmente extrapolable al resto de la periferia de la Unión Europea e incluso a países de su núcleo industrial como Francia y Alemania. En los últimos nueve años, el número de personas pobres en Francia aumentó en 1’2 millones, de los cuales más de 800.000  sólo en el periodo de 2008 a 2011 [4]. Mientras tanto, en Alemania, según una encuesta del pasado año del Banco Central Europeo, la mediana de los ingresos netos por hogar es mucho menor que la de Grecia, con un 25% de la población activa cobrando menos de 9.54 euros la hora [5]. La situación no mejora si nos fijamos en los Estados Unidos, que a pesar de ser una de las fuerzas motrices del capitalismo internacional posee al menos 16’4 millones de niños bajo el umbral de la pobreza [6] (aproximadamente un cuarto de todos los niños del país). Si nos fijamos en las mal llamadas minorías, la cifra aumenta a un 33’8% y 36’7% de niños latinos y afroamericanos, respectivamente [7]. Todo ello, en un país donde el 95% de la riqueza producida desde 2009 ha ido a parar a las manos del 1% más rico de la población y 3’6 millones de trabajadores cobran una cantidad igual o inferior al salario mínimo federal: 7’25 dólares la hora [7].

Esta situación de evidente recrudecimiento de la lucha de clases se ve acompañada de una intensa repolitización de amplias capas de la sociedad y de un creciente descrédito del entramado político e institucional que sustenta estos  constantes ataques a las clases populares. En España en particular, el relato edulcorado de “la Transición” — uno de los pilares fundacionales del sistema bipartidista actual y su política  hiperconsensual — se desmorona a marchas forzadas arrastrando consigo a la Casa Real, piedra de bóveda del sistema de partidos actual, fielmente escenificado en los pactos de la Moncloa. A este cuadro de cambio, debemos sumar la contestación al actual modelo de Estado bajo las crecientes demandas de auto determinación en Cataluña, un proceso que socava aún mas si cabe la legitimidad del marco institucional actual. Nos encontramos en definitiva, en un proceso de cambio de régimen donde las fuerzas de izquierda intentan organizar y articular la contestación de los actores populares, pare evitar como bien decía Gramsci, que en claroscuro surjan los monstruos.

En la situación actual de  cierto “experimentalismo” político (si se me permite la expresión) decimonónico, tras la transfiguración radical del panorama político y económico europeo de posguerra acometida por la contrarrevolución neoliberal de los últimos 30 años y la desaparición del bloque soviético, la cuestión de la validez de la clase trabajadora como sujeto histórico y materialización objetiva de las contradicciones del sistema capitalista toma una relevancia primordial. Sobre todo puesto que cierta premura ante la situación de emergencia actual hace que en ocasiones elevemos algunos fetiches a categorías políticas y, haciendo de la necesidad virtud, convirtamos algún que otro ejercicio de marketing político en la nueva fórmula mágica para el análisis social. Siempre son útiles al respecto las palabras de César Rendueles [8],

Los discursos ideológicos y políticos, en cambio, son harina de otro costal. El materialismo marxista fue, sobre todo, una respuesta al discurso ideológico de moda en la Alemania de aquella época. Hoy el posthegelianismo no le interesa a nadie, pero la tentación de creer que los problemas prácticos se pueden resolver conceptualmente es más fuerte que nunca, y en eso consiste el idealismo que atacaba Marx. Basta pensar en toda esa gente que cree que la crisis económica actual es, sobre todo, un problema de actitud, de mentalidad. Ahí es nada: el corolario de un macroproceso económico, social y político que ha configurado el mundo tal y como lo conocemos en los últimos cuarenta años reducido a un problema de motivación, tal vez solucionable con una buena estrategia de coaching colectivo. Los materialistas, en cambio, somos unos pelmazos aguafiestas. No nos convence la idea de que los problemas se desvanecen reformulándolos en términos más interesantes, emocionantes o novedosos. Así que no somos una compañía muy grata para los de la economía del conocimiento, la psicología positiva, las clases creativas, el empoderamiento o la multitud en devenir.

En particular, muchas de las críticas que intentan “actualizar” y/o superar el concepto de clase obrera, en el primer caso con el objetivo de liberarla de algunas de sus caricaturas que ciertamente la constriñen y en el segundo  simplemente dándola por muerta como categoría de análisis o sujeto político, no hacen sino repetir de forma más o menos explícita aquello que se dice criticar. Siendo un poco más explícito, en ciertos análisis que se quieren críticos pareciera que la clase obrera como sujeto de la acción política revolucionaria en el marco de un análisis marxista tuviera su origen en el capitalismo fordista que surgió tras la segunda guerra mundial. Como señala acertadamente el marxista británico Terry Eagleton en su crítica de una de las últimas obras del historiador británico Eric Hobsbawm, How to Change the World: Marx and Marxism 1840-2011, (la traducción es mía)

Estamos hablando, notemos, de alrededor de 1986, pocos años antes de que el bloque soviético se derrumbara. Como Eric Hobsbawm señala en esta colección de ensayos, eso no fue lo que causó a tantos antiguos creyentes tirar a la basura sus carteles del Ché Guevara. El marxismo ya estaba en una situación desesperada algunos años antes de que cayera el Muro de Berlín. Una razón que se dio fue que el agente tradicional de la revolución marxista, la clase obrera, había sido barrida por los cambios en el sistema capitalista – o por lo menos ya no se encontraba en mayoría. Es cierto que el proletariado industrial había disminuido, pero el propio Marx no creía que la clase obrera se limitara a este grupo. En El Capital, él coloca los trabajadores del comercio  en el mismo nivel que los industriales. También era consciente de que, con mucho, el mayor grupo de trabajadores asalariados en su día no fue la clase obrera industrial, sino el servicio doméstico, la mayoría de los cuales eran mujeres. Marx y sus discípulos no imaginaban que la clase obrera podía hacerlo solo, sin alianzas con otros grupos oprimidos. Y aunque el proletariado industrial tendría un papel principal, Marx no parece haber pensado que tenía que constituir la mayoría social, a fin de hacerlo. [9]

En efecto, si leemos a Marx en El Capital, vemos que el revolucionario alemán era plenamente consciente de la relativa importancia cuantitativa de la clase obrera industrial con respecto a otros sectores todavía no incorporados a la esfera capitalista de producción [10],

el extraordinario aumento de las fuerzas productivas en las esferas de la gran industria, acompañado, como lo está, de una explotación cada vez más intensiva y extensa de la fuerza de trabajo en todas las demás esferas de la producción, permite emplear de un modo improductivo a una parte cada vez mayor de la clase obrera, reproduciendo así, principalmente, y a una escala cada vez mayor, bajo el nombre de “clase doméstica”, los antiguos esclavos domésticos: criados, doncellas, lacayos, etc. Según el censo de 1861, [...] quedan, en números redondos, unos  8 millones de personas de ambos sexos y de las más diversas edades, incluyendo a todos los capitalistas que de alguna manera intervienen en la producción, el comercio, las finanzas, etc. Estos 8 millones se distribuyen del modo siguiente:

- Obreros agrícolas [...] : 1.098.261

- Todos los que trabajan en las fábricas de algodón [...] : 642.607

- Todos los que trabajan en las minas de carbón y metal : 565.835

- Los ocupados en el conjunto de plantas metalúrgicas [...] : 396.998

- Clase doméstica: 1.208.648.

Sumando el personal ocupado en todas las fábricas textiles junto con los que trabajan en las minas de carbón y metalúrgicas tenemos la cifra de 1.208.442; sumándolo con los que trabajan en plantas metalúrgicas y las manufacturas, tenemos un total de 1.039.605; en ambos casos una cifra menor que la de los modernos esclavos domésticos. ¡Qué edificante resultado de la maquinaria explotada al modo capitalista!

Sobre esto comenta David Harvey en su magnífico A Companion to Marx’s Capital [11] (de nuevo la traducción es mía),

Solemos pensar que el gran desplazamiento de la manufactura al sector servicios se dio en el siglo pasado, pero lo que muestran estas cifras es que no es para nada un nuevo sector. La gran diferencia es que la clase servil/doméstica de Marx no se encontraba en su mayoría organizada en líneas capitalistas (muchos sirvientes vivían con los capitalistas). No había tiendas con letreros anunciando “Pedicura”, “Servicio de Limpieza”,  “Salón de Peluquería” o lo que fuera. Pero las cifras de población involucradas en estos trabajos fueron siempre grandes y muy a menudo despreciadas en los análisis económicos (incluso en el de Marx), incluso aunque su número superara los de la clase trabajadora en el sentido clásico de trabajadores de fábrica, mineros y similares.

En definitiva, no sólo no estamos hablando de un fenómeno nuevo, sino que a diferencia de lo que ocurría en tiempos de Marx, a día de hoy, aquellos trabajadores ajenos al sector industrial, han sido incorporados al proceso de valorización del capital y se encuentran organizados en líneas capitalistas (con todo lo que eso conlleva en términos de jerarquía, uso del tiempo, intensificación de la jornada laboral, …). De hecho, las cifras del porcentaje de asalariados sobre el total de la población ocupada tanto a nivel nacional como internacional confirman de forma inequívoca dicha tendencia. Así, en España [12] “la relación empleadores-autónomos/conjunto salarial, o sí se prefiere burguesía-pequeña burguesía/asalariados ha pasado de 25/75 (hace aproximadamente una década) a 20/80, es decir el conjunto salarial, la tasa de salarización en la población activa es cada vez mayor, España es cada vez más una sociedad de trabajadores que dependen de un salario”. Podemos fijarnos también en Francia, país con un mayor peso específico del sector industrial y que pasó por lo que suele conocerse como Les trente glorieuses, i.e., el periodo expansivo de aproximadamente tres décadas que tuvo lugar tras la segunda guerra mundial; de acuerdo con los datos del Institut National de la Statistique et des Études Économiques, el equivalente de nuestro Instituto Nacional de Estadística, el porcentaje de no asalariados sobre el total pasó de más de un 18% en 1972 a casi la mitad en 2012. A nivel internacional, la tendencia es parecida, aunque las cifras son todavía más espectaculares si consideramos  países de la periferia capitalista [13],

Los datos de la OIT  permiten una estimación del número de asalariados a escala mundial. En los países “avanzados”, ha aumentado alrededor de un 20% entre 1992 y 2008, para luego estancarse desde la entrada en la crisis. En los países “emergentes”, ha aumentado cerca de un 80% en el mismo periodo.

Se encuentra el mismo tipo de resultado, aún más marcado, para el empleo en la industria manufacturera: entre 1980 y 2005, la mano de obra industrial ha aumentado un 120% en los países “emergentes”, pero ha bajado un 19% en los países “avanzados”.

Podemos concluir de dichas cifras que la evolución de la clase obrera durante los últimos 30 años ha consistido fundamentalmente en el incremento cuantitativo de sus miembros — en parte mediante la absorción de esferas anteriormente ajenas al proceso de valorización del capital y en parte gracias a la inserción en el mercado de trabajo global de poblaciones  provenientes de países de la periferia capitalista o del antiguo bloque soviético — y en una profundización de la división espacial del trabajo, acentuando aún mas la concentración geográfica de los núcleos de producción industrial, en este caso con un peso mucho mayor de los países emergentes debido a una fuerza de trabajo mucho más “económica”. Resulta de todos modos curioso que se recurra a este argumento sobre el menor peso específico del asalariado industrial con respecto al total de la clase trabajadora en un país como España, que nunca destacó por su gran potencia industrial, que desarrolló un tímido sector manufacturero, concentrado especialmente en ciertas regiones del norte y el este del país, relativamente tardío con respecto a los países de su entorno y tras una terrible posguerra  donde primó fundamentalmente la economía de subsistencia en el sector agrario. Por esa regla de tres, cabría preguntarse de qué hablaban en las reuniones del Comité Central del PCE en los años 40 y porqué no decidieron disolverse si su “sujeto histórico” sólo existiría en números relativamente aceptables, como mínimo, un par de décadas más tarde.

Otro argumento recurrente a la hora de poner en tela de juicio a la clase obrera, y que ha motivado la invención de términos como el famoso precariado es el (ciertamente) importante cambio cualitativo de las relaciones laborales tras 30 años de flexibilización del mercado laboral, y que ha terminando poniendo en entredicho cierto modelo de sindicalismo de clase “fordista”, sobre el que se apoyaban en parte las organizaciones políticas de masas de corte marxista. Sin negar ni un ápice la importancia cardinal que dichas transformaciones han tenido (y siguen teniendo) sobre el tejido productivo, las relaciones sociales de producción, el sindicalismo de clase, las organizaciones políticas de masas e incluso nuestras relaciones humanas y afectivas, lo cierto es que de nuevo, el marxismo no nació con las Comisiones Obreras de los años 70 (2). Creo que sería un ejercicio muy interesante para aquellos que usan este argumento con frecuencia, preguntarse como eran las relaciones laborales, por ejemplo, en la España de los años 30, cuando la UGT rebasaba el millón de afiliados y la CNT alcanzaba el millón y medio (sobre una población activa muchísimo menos numerosa que la actual). Sin ir más lejos, Pepe Díaz, el Secretario General del PCE durante gran parte de la II República y la Guerra, y que llevó al partido a una de sus mayores expansiones cuantitativas de su historia, se curtió en el sindicato de panaderos de Sevilla, La Aurora (que posteriormente se incorporaría a la CNT), un oficio que no destacaba precisamente por la estabilidad de sus relaciones laborales ni tampoco por ser un ejemplo de industria manufacturera con cientos de obreros trabajando codo a codo, sino más bien por su pertenencia a una economía informal de pequeños patrones que abusaban de sus escasos empleados y aprendices.

Otro argumento de peso contra el papel relevante de la clase trabajadora en los procesos de cambio actuales (en alianza claro está con multitud de otros sectores con los que se compartan problemáticas de forma objetiva) es el del cambio cualitativo del proceso de producción actual debido a los importantísimos cambios tecnológicos y la creciente financiarización. Uno de los ejemplos más articulados de dicho argumento lo encontramos en Toni Negri, cuando afirma que [14] “a día de hoy, la producción de cerebros, la invención, la investigación, el cine, producen más valor que las industrias tradicionales”. La consecuencia directa de dicha afirmación es clara, puesto que la producción de valor ya no es una prerrogativa del proceso de producción “material” (división que ya es en cierta manera arbitraria), no tiene sentido que la clase trabajadora en su sentido clásico juegue un papel central en un proceso de emancipación, ya que deben ser los nuevos productores de valor en su conjunto los que están llamados a cambiar las cosas, lo que Negri y Hardt han venido a llamar “la multitud”. Una primera objeción a dicha conceptualización del proceso de valorización la encontramos en el filósofo Alberto Toscano (3), cuando nota que [14] “los trabajadores de un call center, que puede que se encuentren realizando una actividad a la que podemos referirnos como cognitiva o inmaterial, están también, y lo que es más importante, trabajando en un entorno que está organizado en términos de formas muy clásicas de despotismo laboral, en formas muy clásicas que tratan de extraer cada segundo o milisegundo,  que tratan de hacer de forma científica que cada trabajador sea más productivo y de esta manera que la tasa de explotación sea intensificada”. Por otro lado, como señala César Rendueles,

las propias nociones de trabajo inmaterial o economía cognitiva son confusas. Agrupan bajo una misma etiqueta procesos muy heterogéneos. Es posible que el desarrollo de software requiera importantes habilidades creativas, aunque no necesariamente más que, por ejemplo, la ingeniería de principios de siglo XX. En cambio, el trabajo de teleoperador, igualmente inmaterial, se parece bastante más al tipo de actividades típico de una cadena de montaje fordista. [...] Por otro lado, no es posible establecer una distinción clara entre el trabajo inmaterial creativo y el parasitario, cercano a las prácticas especulativas. Seguramente en un extremo estará la invención de una vacuna para una enfermedad intratable y en el otro la biopiratería, pero entre medias se extiende un amplio repertorio de prácticas ambiguas, como el desarrollo de tecnologías con restricciones de acceso muy agresivas. Dicho de otra forma, es imposible aislar la centralidad del conocimiento en las cadenas de valor contemporáneas de la división del trabajo en un entorno de competencia internacional. [...] Lo que determina quien gana qué en la economía cognitiva global es la lucha de clases, no una evaluación ciega en la revista Nature. [15]

Como bien señala César Rendueles y ha apuntado en más de una ocasión Zizek, gran parte de los beneficios generados en la economía cognitiva no son sino una manifestación más de prácticas especulativas o rentistas de origen nada reciente. Así, no es descabellado pensar que una gran parte de los ingresos de Microsoft no son sino el fruto de una constante práctica monopolista que, compra tras compra, permitió a la compañía californiana ser de forma efectiva la única vía de acceso posible a un nuevo bien común, que aunque inmaterial (4) a diferencia de la tierra, la vivienda o el agua, también determina en la práctica de que manera se reparten las plusvalías generadas en el proceso de producción. Esto no significa, que la lucha por el Copyleft, o contra las prácticas especulativas y rentistas de cierta industria audiovisual o las grandes compañías de Silicon Valley carezca de relevancia, de la misma manera que la lucha contra la especulación urbanística en los núcleos urbanos de mediados del siglo XIX (o a día de hoy) tampoco lo hizo, al poner sobre la mesa reivindicaciones del movimiento obrero contra estas formas específicas de explotación (y ayudarle a tejer alianzas concretas). Sin embargo, es también muy importante que intentemos ser algo más cautos a la hora de librarnos a la caza de nuevas categorías de  análisis que nos sirvan de brújula en una transformación revolucionaria de la sociedad.

(1) Gran parte de lo cual lo podemos resumir en una reducción brutal del salario diferido.

(2) Ni siquiera con la CGT francesa en las postrimerías de la Revolución Rusa.

(3) Traductor de Alain Badiou y miembro del comité de redacción de la fantástica revista
Historical Materialism: Research in Critical Marxist Theory.

(4) Como bien señala Marx [16], “la mercancía es, en primer lugar, un objeto externo, una
cosa que por sus propiedades satisface necesidades humanas de cualquier clase. La índole de estas necesidades, ya sean del estómago o de la fantasía, no cambia nada las cosas”.

[1] A. Badiou, La hipótesis comunista, New Left Review (en español) (2008) 27–40.

[2] A. Colau and A. Alemany, 2007-2012: Retrospectiva sobre deshaucios y ejecuciones hipotecarias en España, estadísticas oficiales e indicadores, Plataforma de afectados por la hipoteca (2008).

[3] M. G. C., España roza los dos millones de hogares con todos sus
miembros en paro, Expansión (23 Enero, 2014).

[4] L. Mouloud, La pauvreté continue de gagner du terrain en France, l’Humanité (7 Noviembre, 2013).

[5] K. Connolly and L. Osborne, Low-paid Germans mind rich-poor gap as elections approach, The Guardian (30 Agosto, 2013).

[6] L. Leopold, America’s Greatest Shame: Child Poverty Rises and Food
Stamps Cut While Billionaires Boom, The Huffington Post (11 Agosto, 2013).

[7] T. Dickinson, 27 Shocking Numbers That Reveal the True State of the
Union, Rolling Stone (28 Enero, 2014).

[8] C. Rendueles, Entrevista a César Rendueles sobre la edición de ”Escritos sobre materialismo histórico” de Karl Marx, Rebelión (31 Octubre, 2012).

[9] T. Eagleton, Indomitable, London Review of Books (3 Marzo, 2011).

[10] K. Marx, El Capital, Akal Libro I, Tomo II (2007) 177–178.

[11] D. Harvey, A Companion to Marx’s Capital, Verso (2010).

[12] D. Lacalle, La clase obrera en España: continuidades, transformaciones, cambios, El Viejo Topo (2006).

[13] M. Husson, La formación de una clase obrera mundial, Viento Sur (6 Enero, 2014).

[14] J. Barker, Marx Reloaded, Documental (2008).

[15] C. Rendueles, Sociofobia, el cambio político en la era de la utopía digital, Capitan Swing (2013).

[16] K. Marx, El Capital, Akal Libro I, Tomo I (2007) 55.

Safe Creative #1402230224178

Capitalismo y Fracaso

Inténtalo otra vez. Fracasa otra vez. Fracasa mejor.
Samuel Beckett [1]

Escuchando a los apologetas del capitalismo, tan habituales en nuestros tiempos, podría parecer que el capitalismo no admite el fracaso per se. Por otra parte, ante dicha pureza inmaculada e incorruptible del statu quo suele anteponerse con frecuencia [2]  el supuesto fallo irrefutable no sólo de experiencias que se denominaban comunistas o socialistas sino de la misma idea de igualdad. En nuestra sociedad ultraconsensual [3], que celebró con grandes faustos la desaparición de la experiencia soviética como el certificado de defunción de cualquier intento de metarelato, la idea de igualdad y el ánimo de transformación social no representan sino la pantalla fantasmagórica de su verdad, un núcleo totalitario que tarde o temprano terminará generando monstruos como los que alegremente son descritos por la prensa liberal [4]. La crainte des masses, el miedo a un supuesto exceso democrático, es el pilar fundamental del pensamiento conservador [5]. Ante ello, solo nos queda la gestión de lo posible, la aritmética parlamentaria, la “despolitización” de la política, la gobernanza, el gobierno de los técnicos, … diques de contención ante la pretendida pulsión violenta e irracional de la mayoría.

Quizá una de los aspectos que más caracteriza a la ideología (neo)liberal es que se afirma en su negatividad, no se presenta como lo que es, sino que se define mediante su reiterada autonegación. El ejemplo más claro de ello lo tenemos en que para los defensores del capitalismo, éste sencillamente no existe. Podríamos decir que según ellos es un grosero intento marxista de englobar cosas que sólo tienen en común alguna causalidad espacio-temporal, el hecho de ser (supuestamente) simples concreciones históricas de la naturaleza humana. El mero hecho de pronunciar su nombre, antes de que la crisis hiciera su aparición, provocaba sonrojo e incomodo en el receptor. Sin embargo, como dice el dicho romano, excusatio non petita, accusatio manifesta. Para poder fracasar, el capitalismo tiene primero que tomar carta de naturaleza y es precisamente eso lo que negaban con empeño nuestros sofistas de salón.

Sin embargo, en los parámetros ideológicos neoliberales, el socialismo y el comunismo representan el ser en su máxima expresión, una especie de reencarnación de la idea Hegeliana que (existente desde el origen de los tiempos) se va materializando en el devenir histórico uniendo y cohesionando experiencias con un contexto histórico y un alcance geográfico muy dispar. Frente a la concreción capitalista, que aparentemente disocia los estados fallidos, las guerras coloniales, la violencia ciega de los drones y los paramilitares, los paraísos fiscales, … de Wall Street, el Ibex-35, los talleres clandestinos, los muros migratorios, la reforma laboral y muchos aspectos mas, en el imaginario neoliberal el socialismo representa una especie de unidad de destino en lo universal. El capitalismo sencillamente no existe, el comunismo, ha sido, es y será.

Afortunadamente, los devastadores efectos de la crisis capitalista han provocado también un desplazamiento discursivo y lo que antes era una obscenidad protomarxista, ahora reviste carácter de evidencia. El elefante en el salón despertó por fin la atención de los allí presentes. Sin embargo, el empeño inquebrantable de sus cuidadores continuó, y lo que antes sencillamente no existía ahora no existe en suficiente medida. Los cantos de sirenas neoliberales siguen llamando a la desregulación, la profesionalización de la gestión económica y a una mayor liberalización. Sin embargo, como bien destaca Zizek, lo que éstos se empeñan en presentar como ausencias o faltas de capitalismo, no son sino condiciones sine qua non para su existencia y desarrollo.

El capitalismo no son sólo fábricas y oficinas en el primer mundo donde existen sindicatos y cierto marco regulatorio que asegura algún que otro derecho laboral, son también masacres étnicas por gobiernos corruptos que facilitan la extracción de materias primas que son vitales, por ejemplo, para las compañías de Sillicon Valley a las que tanto gusta presumir de medidas de conciliación laboral. El capitalismo significó, por ejemplo, la sangrienta colonización de gran parte del tercer mundo para intentar aliviar el problema de demanda efectiva que le es consustancial, generando un mercado ajeno a los centros de producción (donde los beneficios empresariales suelen ir de la mano de bajadas salariales), al que poder exportar sus mercancías [6]. El capitalismo es sinónimo de guerras de rapiña, como las que ahora desangran a los pueblos de Irak y Afganistán y siguen amenazando a muchos más, para asegurar el abastecimiento energético que permita sostener el 3% de crecimiento anual que requiere el capital. El capitalismo son también las 400.000 familias españolas desahuciadas de sus hogares desde que comenzó la crisis por la supremacía del valor de cambio que es inherente al capital [7], el cual sólo ve en sus casas un activo financiero y no un lugar donde desarrollar lazos afectivos y humanos. La crisis actual no es ninguna anomalía del buen discurrir capitalista, causada por la avaricia de unos cuantos o una importante falta de regulación [8], sino que es la manifestación de contradicciones profundamente inherentes al modo capitalista de producción, al que sirve, como bien señala David Harvey [9], de “racionalizador irracional de un sistema irracional”.

[1] S. Beckett, Worstward Ho. John Calder, 1983.

[2] Sobre todo ahora, que la crisis capitalista esta mostrando claramente las contradicciones que le son inherentes.

[3] En España, el ejemplo más característico es la visión sacramentada sobre lo que significó la Transición. Con la reciente muerte de Carillo pudimos ver que el aspecto más destacado por los representantes del orden fue su capacidad de articular consensos y de renuncia por “el bien de todos los españoles”.

[4] M. Haynes and J. Wolfreys, History and Revolution: Refuting
Revisionism. Verso, 2007.

[5] S. Ziˇek, A. Badiou, G. Agamben, J.-L. Nancy, D. Bensäid, W. Brown,
J. Rancière, and K. Ross, Démocratie, dans quel état? La fabrique éditions, 2009.

[6] Tal y como bien explicaba Rosa Luxemburgo.

[7] D. Harvey, Unraveling Capital’s Contradictions.

[8] Como gusta repetir a muchos liberales y a cierto sectores “socialdemócratas”.

[9] David Harvey, The crisis today, Marxism 2009; David Harvey, Los siete momentos del cambio social , Rebelión, 16 de Mayo de 2010.

Safe Creative #1211252733694

Sobre luchas y clases

La historia de todas las sociedades hasta nuestros días es la historia de la lucha de clases.

Karl Marx y Friedrich Engels [1]

Claro que hay una guerra de clases, pero es mi clase, la de los ricos, la que está haciendo la guerra, y la estamos ganando.

Warren Buffet [2]

En términos del geógrafo y antropólogo marxista David Harvey [3], las crisis capitalistas son una “racionalización irracional de un sistema irracional” [4],

La irracionalidad del sistema queda perfectamente clara hoy: masas de capital y trabajo inutilizadas,  codo con codo, en el centro de un mundo pleno de necesidades insatisfechas. ¿Acaso esto no es una estupidez? La racionalización que el capital desea tiene por objeto restablecer las condiciones de extracción de plusvalía, restaurar los beneficios. El medio irracional de lograr este objetivo consiste en suprimir trabajo y capital, condenando inevitablemente al fracaso la racionalización buscada. He aquí lo que entiendo por racionalización irracional de un sistema irracional.

Tenemos a diario cientos de ejemplos de que esto es así. El último de ellos: la reciente aprobación en España de la enésima reforma laboral. En los últimos 20 años se han llevado a cabo en nuestro país al menos 10 reformas laborales que como señala Daniel Lacalle [5] ha llevado a “la consolidación de un mercado de trabajo dual (trabajadores integrados, con contrato fijo y plenitud de derechos, por un lado, trabajadores precarios y sumergidos, con contratos-basura de uno u otro tipo, sin derechos o bien sin la posibilidad real de ejercerlos, por el otro)”. Fruto de ello tenemos una clase trabajadora precarizada, segmentada y cada vez más empobrecida, lo que permite al capital intentar solventar el problema de ganancia al que se enfrenta a través de un nuevo abaratamiento de la mano de obra.

Aunque la susodicha reforma se presente ante los medios de comunicación como una especie de bálsamo de Fierabrás contra el paro, la verdad es que sus precursores saben muy bien que no tiene nada que ver con esto. Se trata simple y llanamente de un proyecto de clase (sí, pero de la que posee los medios de producción y distribución) para dar una vuelta de tuerca más a la explotación a la que somete a los trabajadores de este país. Utilizando los términos de D. Harvey, la acumulación de capital es un proceso dinámico e inherentemente contradictorio que, en diferentes momentos y lugares, se encuentra con barreras fruto de sus propios desequilibrios y contradicciones internas. Como decía Marx [6], “el verdadero amor nunca avanza con suavidad”. Es ahí donde vuelve a aparecer el racionalizador irracional para evitar que la barrera se vuelva obstrucción y permitir que el proceso acumulativo pueda volver a andar más fresco y más sano. Eso sí, a costa de aquellos que lo soportamos sobre nuestros hombros:

Durante una etapa del proceso de trabajo, el obrero se limita a producir el valor de su fuerza de trabajo, es decir, el valor de sus medios de subsistencia [...] La parte de la jornada de trabajo en que se opera esta reproducción es la que yo llamo tiempo de trabajo necesario, dando el nombre de trabajo necesario al desplegado durante ella [...]. La segunda etapa del proceso de trabajo, en que el obrero rebasa las fronteras del trabajo necesario, le cuesta, evidentemente trabajo, supone fuerza de trabajo desplegada, pero no crea valor alguno para él. Crea la plusvalía [...]. Esta parte de la jornada de trabajo es lo que yo llamo tiempo de trabajo excedente, dando el nombre de trabajo excedente al trabajo desplegado en ella [...]. La cuota de plusvalía –trabajo excedente dividido por trabajo– es, por tanto, la expresión exacta del grado de explotación de la fuerza de trabajo por el capital o del obrero por el capitalista. [7]

Así, incrementando la cuota de plusvalía, ya sea con una disminución del salario real o mediante el aumento de la productividad por encima de este último, los empresarios se aseguran una mejor base a la hora de retomar el proceso de acumulación y restaurar así los beneficios*. Si miramos los detalles de la última reforma laboral (abaratamiento del despido, merma importante de la negociación colectiva, ampliación del periodo de prueba, …) no podemos sino convencernos de que es precisamente eso, y no la lucha contra el paro (sic),  lo que se está persiguiendo.

Sin embargo, no sólo en el acceso a una fuerza de trabajo más vulnerable y barata se encuentra la “solución” del capital a la actual crisis. Una de las mayores barreras a la que se enfrenta el proceso de acumulación en estos momentos es la ausencia de rentabilidad en sus inversiones; pues para que los beneficios del capital invertido previamente se vuelvan a poner de nuevo en circulación, los capitalistas necesitan saber que la cosa es rentable**. Algo que ya estaba en el origen de la actual crisis, ya que fue la caída de la tasa de ganancia en los años 70 lo que llevó a la actual hipertrofia del sector especulativo y financiero, con  beneficios mucho más golosos que los del sector productivo.

Podemos convencernos fácilmente que si el capitalismo necesita un 3% de crecimiento anual para que el proceso acumulativo pueda seguir su rumbo sin dificultades, resultaba infinitamente más sencillo encontrar nichos de inversión en los albores del capitalismo –donde sólo ciertas regiones de Inglaterra estaban conquistadas por el capital — que en el siglo XXI, donde apenas queda rincón del planeta por colonizar. Ante este panorama, el capital tiene un par de soluciones que también nos parecerán de actualidad: la acumulación por desposesión y/o la guerra.

Sobre esta última, poco hay que decir salvo que no sabemos en que momento preciso estallará definitivamente el conflicto bélico. Centrémonos pues en la acumulación por desposesión. Éste término fue acuñado por David Harvey para denotar los procesos de apropiación que se dan en el capitalismo neoliberal de formas de propiedad ajenas en cierta medida al mercado. Nos referimos en particular a la apertura al capital privado de sectores económicos hasta entonces bajo control público, como la educación, la salud, el sistema público de pensiones o incluso la defensa. Al igual que en la transición del feudalismo al capitalismo, el capital absorbió de forma violenta formas precapitalistas de propiedad colectiva, dando lugar a la acumulación originaria, en el momento actual la clase capitalista utiliza su control del aparato del estado para enajenar a la población recursos y bienes que previamente eran de titularidad pública.

Ésta es la segunda pata en la que se sustenta la solución neoliberal y es, precisamente, en este contexto en el que hay que interpretar los crecientes ataques al estado del bienestar (reforma de las pensiones, privatización de la educación superior, privatización de la sanidad, …). Así pues, podemos estar seguros de encontrarnos en un periodo de intensa lucha de clases. Sin embargo, hasta ahora sólo hemos hecho sino resistir en mejor o peor medida los embates del 1% de la población, parece que es hora de despertar…

* Me gustaría señalar que nos referimos aquí a los beneficios de los capitalistas como clase, lo que no entra en contradicción con que ciertos sectores de la clase – véase el capital financiero – o capitalistas individuales – véase Botín – puedan tener pingües beneficios.

** Si no, se gastan los beneficios en artículos de lujo (el consumo mundial de lujo se incrementó en un 8% en el 2011) o se guardan el dinero en espera de tiempos mejores –como hacen actualmente los bancos.

Referencias

[1] Karl Marx y Friedrich Engels, El Manifiesto Comunista.

[2]  Ben Stein, In Class Warfare, Guess Which Class Is Winning, The New York Times, 26 de Noviembre de 2006.

[3] David Harvey, El nuevo imperialismo, Ediciones Akal, 2004; The condition of postmodernity, Wiley-Blackwell, 2004; The limits to capital, Verso, 2006; Breve historia del neoliberalismo, Ediciones Akal, 2007; Paris, capital de la modernidad, Ediciones Akal, 2008; A companion to Marx’s Capital, Verso, 2010; The Enigma of Capital: And the Crises of Capitalism, Profile Books, 2011.

[4] David Harvey, The crisis today, Marxism 2009; David Harvey, Los siete momentos del cambio social , Rebelión, 16 de Mayo de 2010.

[5] Daniel Lacalle, Hacia la desregulación laboral , Mundo Obrero, Mayo de 2010.

[6] David Harvey, The Enigma of Capital: And the Crises of Capitalism, Profile Books, 2011. Página 67.

[7] Karl Marx, El capital, crítica de la economía política, Libro I, México, Fondo de Cultura Económica, 1964, capítulo VII, “La cuota de plusvalía” pp. 163-165. Cita tomada de Daniel Lacalle, La clase trabajadora, veinte años después del Estatuto de los Trabajadores y sus reformas (1980-2005), Papeles de la FIM, 26-27, pp. 183-204.

Safe Creative #1202111066299

Cuba va

En la madrugada del 1 de Enero de 1959 entraron victoriosas las primeras tropas rebeldes a la capital cubana. Ese mismo día Fidel llega triunfante a Santiago de Cuba, declarándola provisionalmente capital de Cuba. Las masivas manifestaciones de alegría y júbilo por parte del hasta entonces oprimido pueblo de Cuba simbolizaron la caída definitiva de la dictadura de Fulgencio Batista. De este modo, lo que comenzó con el viaje de 82 guerrilleros en un pequeño yate, el Granma, terminó con la primera victoria guerrillera en la historia de América sobre un ejército regular apoyado económica y militarmente por EEUU. Y todo esto, tan sólo a 90 millas de las costas de Florida.

La cercanía a las costas de Estados Unidos y el carácter progresista y de clase de la revolución cubana pusieron desde un primer momento a la isla en el punto de mira de su poderoso vecino. Los Estados Unidos no podían permitir que la mecha de la revolución prendiese en toda América Latina, pues esto significaría una importante pérdida de hegemonía y un cambio notable de la correlación de fuerzas a nivel internacional. Se inicia pues una política de acoso que tiene su apogeo en el intento fallido de invasión de Playa Girón. Tropas mercenarias cubanas entrenadas y fuertemente armadas por la CÍA y el Pentágono intentaron tomar posiciones en la isla para establecer un gobierno provisional contrarrevolucionario que sería la antesala de la intervención explícita de los Estados Unidos. Ese mismo año, miles de jóvenes cubanos regresaban a la Habana para informar al gobierno que la campaña de alfabetización lanzada por la revolución cubana había sido un éxito: Cuba quedaba libre de analfabetismo [1]. Más de 50 años después, y a pesar de un bloqueo criminal que ha supuesto pérdidas a la isla por valor de 975 mil millones de dólares [2], Cuba sigue asombrando al mundo. Como comenta el periódico británico The Independent [3]:

“Las estadísticas son suficientes por si solas para volver verde de envidia al padre de un escolar promedio británico: existe un estricto máximo de 25 niños por aula de primaria, muchas de las cuales tienen solamente 20. Los estudiantes de secundaria se dirigen a clases de sólo 15 alumnos – menos de la mitad que la norma británica”

Por otro lado [3] ,

“Cuba gasta el 10 por ciento de su presupuesto en educación, comparado con el 4 por ciento en el Reino Unido y sólo el 2 por ciento en los Estados Unidos, de acuerdo a la Unesco. El resultado es que tres de cada cinco cubanos mayores de 16 años se encuentran en algún tipo formal de educación superior. […] En sólo medio siglo, Cuba ha desarrollado uno de los sistemas educativos más exitosos, admirado en todas partes, del Reino Unido a Canadá y Nueva Zelanda.”

En materia de política sanitaria, Cuba también ocupa un papel privilegiado a escala internacional con un promedio de 62,7 médicos por cada 10.000 habitantes y 4,9 camas de hospital por cada 1.000 habitantes [4]. La mortalidad infantil en la isla es de 5,3 infantes por cada 1000 nacimientos, frente a los 7 por cada 1000 de los Estados Unidos [4]. Actualmente, mas de 20.000 estudiantes extranjeros estudian medicina en Cuba [5] y, sólo en 2011, 40 estudiantes de medicina estadounidenses becados de la Escuela Latinoamericana de Medicina (ELAM) terminaron sus estudios con la intención de regresar a su país para practicar la medicina entre los más desfavorecidos [6]. Al mismo tiempo, la misión médica cubana en Haití se ocupa de la inmensa mayoría de los casos de cólera que sacuden la isla [7,8]

 “No hay duda de que la misión cubana ha sido vital en Haití. Fue uno de los contingentes más grandes de ayuda internacional en responder después del terremoto de enero 2010 que precipitó una crisis en Haití. Y desde el brote de la cólera, la misión ha tratado a más de 76.000 casos de la enfermedad. Solamente 272 de esos pacientes han muerto – una proporción mucho menor, de 0,36 por ciento, que el promedio en Haití en su conjunto, en el que un 1,4 por ciento de los casos terminan en la muerte , de acuerdo con el Ministerio de Salud.”

Por otro lado, la organización internacional Save the Children informó que Cuba ocupa el 8º puesto en una lista de 161 naciones a la hora de cuidar niños enfermos [9], por delante de Alemania (10º), Francia (12º), Reino Unido (14), Estados Unidos (15) o España (30). Igualmente, en la categoría de países poco desarrollados, Cuba es el mejor país para ser madre por delante de países como Chile, Brasil, Argentina, México o Israel [10]. Cuba es también el único país americano junto a Estados Unidos y Canadá que ha conseguido eliminar virtualmente la transmisión del virus del sida de madre a hijo y la sífilis congénita [11].

Pero no sólo en materia educativa y sanitaria podemos aprender de Cuba. En un periodo de intensa lucha de clases como el actual, donde el capital financiero escenifica su dominio en Europa a través de gobiernos tecnócratas que no han sido ni tan siquiera fruto de la democracia formal a la que nos tiene acostumbrados el capitalismo, el debate por parte de casi 9 millones de cubanos de las actuales reformas económicas que se suceden en Cuba es buena prueba de ello. Mientras que en Europa y en el resto de países capitalistas, la clase trabajadora se ve despojada de la capacidad de opinar sobre las reformas antisociales que intentan dar una vuelta de tuerca más en su explotación, en Cuba el pueblo discutió en más de 163 000 reuniones los Lineamientos de la Política Económica y Social del Partido y la Revolución [12].

Referencias

[1] Margarita Alarcón Perea, Dos batallas un mismo aniversario, Cubadebate.

[2] Ramón Pedregal Casanova, 48 años de bloqueo estadounidense, Cubadebate.

[3] Latin lessons: What we can learn from the world’s most ambitious literacy campaign? The Independent.

[4] http://www.medicc.org/publications/cuba_health_reports/cuba-health-data.php

[5] http://www.saludthefilm.net/ns/elam.html

[6] Cuba ofrece becas a estadounidenses a pesar de bloqueo, Cubadebate.

[7] Randal C. Archibold Cuba Takes Lead Role in Haiti’s Cholera Fight, The
New York Times.

[8] New York Times destaca esfuerzo de Cuba en la lucha contra el cólera en Haití, Cubadebate.

[9] Cuba entre los mejores países para cuidar niños enfermos, asegura Save The Children, Cubadebate.

[10] Informe Estado Mundial de las Madres 2011, Save The Children.

[11] OPS: EEUU, Canadá y Cuba eliminaron transmisión de VIH de madre a hijo, Cubadebate.

[12] Raúl inaugura VI Congreso del Partido Comunista de Cuba, Cubadebate.

Safe Creative #1201010833940

La democracia liberal

En nuestras sociedades occidentales la ”democracia” se ha convertido en un fetiche, una palabra hueca sacralizada por la ausencia de crítica que denota una forma muy concreta de sistema parlamentario nacido a raíz de las revoluciones burguesas del siglo XVIII y XIX y que sirve para legitimar las agresiones más brutales a aquellos que no se encuentran ungidos por ella. Del etimológico poder del pueblo griego, la ”democracia” se ha transformado en un emblema [1] que permite a los que la invocan definir claramente los límites de lo aceptable. Así, por ejemplo, en nombre de la ”democracia” se cierran periódicos [6], se prohíben partidos políticos [5] y se calla a gritos al que opina distinto en nuestro Estado [4], se invade Afganistan e Irak, se bloquea a Cuba, se bombardea Ecuador o se realiza un continuo hostigamiento al gobierno venezolano [2].

Sin embargo, si entendemos por democrático cualquier sistema donde la inmensa mayoría de la población pueda decidir libremente sobre su propio futuro, podemos afirmar de forma categórica que capitalismo y democracia son conceptos antagónicos. ¿Acaso se puede calificar de democrático un sistema donde un puñado de individuos acapara la propiedad de los medios de producción obligando al resto a vender su fuerza de trabajo para subsistir? No, no puede recibir dicho apelativo un régimen donde una esfera social tan importante como la economía escapa al control popular y donde la gran mayoría de la población, los trabajadores asalariados, pasa más de un tercio de su vida en estructuras – los centros de trabajo – donde no tiene ni voz ni voto. Sólo introduciendo la democracia en los centros de trabajo y otorgando la posibilidad a los trabajadores de decidir democráticamente qué, y cómo, van a producir, podremos romper las cadenas con que el capitalismo nos ata.

En el día a día recibimos multitud de ejemplos que nos ilustran que el llamado ”sistema democrático” no es [7]

un marco vacío que puede ser usado por diferentes actores políticos, sino que existe un ”sesgo de clase” inscrito en este cuadro institucional vacío.

La reciente reforma constitucional no es sino el último ejemplo de una larga lista de ”anomalías democráticas” que son en realidad hijos legítimos de nuestro sistema liberal. Citando a Lenin [3],

no puede hablarse de ”democracia pura” mientras existan diferentes clases, y sólo puede hablarse de democracia de clase [...] pues la democracia burguesa sigue siendo siempre — y no puede dejar de serlo bajo el capitalismo — estrecha, amputada, falsa, hipócrita, paraíso para los ricos y trampa y engaño para los explotados, para los pobres.

Es por eso que el signo de autenticidad cuando la izquierda llega al poder por la vía electoral, es el hecho que [7]

ella comienza por cambiar las reglas — no solamente los mecanismos electorales y estatales, sino la lógica completa del espacio político, apoyándose directamente en los movimientos de movilización, imponiendo nuevas formas de auto-organización locales, etc. para garantizar la hegemonía de su base.

Por eso, frente a este marco viciado que supone la democracia formal en la que vivimos, se impone, más necesaria que nunca, la tarea de crear un nuevo orden donde

la circulación no sea la de la moneda, ni el orden de acumulación el del Capital. Se negará entonces confiar el devenir de las cosas a la propiedad privada

pues como afirma Badiou [1]

lo contrario de la democracia, en el sentido que le da, en el momento de su crepúsculo interminable, el capitalo-parlamentarismo, no es el totalitarismo, ni la dictadura. Es el comunismo. El comunismo que, para hablar como Hegel, absorbe y sobrepasa el formalismo de las democracias limitadas.

Referencias

[1] A. Badiou. L’emblème démocratique. Démocratie, dans quel état? La Fabrique éditions, 2009.

[2] Adrián Carmona. Algunos datos sobre Venezuela. Rebelión, 25 de Agosto de 2011.

[3] V. I. Lenin. Contra el revisionismo, la revolución proletaria y el renegado Kautsky. Editorial Fundamentos, 1975.

[4] Santiago Alba Rico, Belén Gopegui, Pascual Serrano y Carlos Fernández Liria. Imponer silencio a gritos. Rebelión, 4 de Marzo de 2010.

[5] Isaac Rosa. Homeopatía en las listas de Bildu. Público, 28 de Abril de 2011.

[6] Isaac Rosa. Egunkaria: que se haga justicia. Público, 1 de Febrero de 2010.

[7] S, Zizek. De la démocratie à la violence divine. Démocratie, dans quel état? La Fabrique éditions, 2009.

Safe Creative #1109170082089

Algunos datos sobre Venezuela

Es habitual encontrar en los medios de comunicación de nuestro país referencias constantes a la situación venezolana. Noticias que no tendrían ninguna repercusión si sucediesen en cualquier otro país del mundo –a excepción de Cuba, claro está — tienen acogida segura en los mass media españoles [1-5] cuando se trata de Venezuela.

Esta particular euforia informativa en todo lo que respecta al país caribeño busca transmitir una sensación constante de inseguridad e inestabilidad. Como destaca el periodista Pascual Serrano [6]

Los ciudadanos habrán podido comprobar la constante presencia de Venezuela en los medios de comunicación. Pareciese que se trata de un país al borde del caos, de la desestabilización, en conflicto y crisis constante. Y todo a pesar de que no llegan informaciones que hablen de muertos por violencia política, represión policial, disturbios callejeros o huelgas masivas. Las organizaciones de derechos humanos no tienen constancia de periodistas presos o ciudadanos perseguidos por razones ideológicas. En cambio, países que atraviesen por mucha mayor conflictividad social como Chile, Perú o México no suelen ser noticia.

Algo similar comentaba Santiago Alba Rico [7] al respecto de la atención informativa prestada por los grandes medios de comunicación  españoles sobre la actualidad cubana, mientras se pisoteaban brutalmente los derechos humanos en Túnez:

De enero a junio de ese año 2005, por ejemplo, El País publicó 618 noticias relacionadas con Cuba, donde no pasaba nada, y 199 sobre Túnez, todas sobre el turismo o el mundial de balonmano; El Mundo, en esas mismas fechas, registró 5162 entradas sobre Cuba, país donde no pasaba nada, y sólo 658 sobre Túnez, casi todas sobre el mundial de balonmano; y ABC tendió 400 veces la mirada hacia Cuba, país donde no pasaba nada, mientras sólo mencionaba a Túnez 99 veces, 55 de ellas en relación con el mundial de balonmano. El 10 de marzo de ese mismo año una rápida búsqueda en Google entregaba 750 enlaces sobre el reparto del gobierno cubano de las famosas ollas arroceras y sólo tres (dos de Amnistía Internacional) sobre la huelga de hambre y la tortura a presos en Túnez.

Sin embargo, la realidad que se levanta frente a la imagen ideológica que transmiten los medios de comunicación de masas es otra [8]:

Economía

La economía venezolana ha crecido un 47,4% en el periodo que va de 1998 a 2008 (los diez primeros años de gobierno bolivariano), lo que equivale a un ritmo del 4,3% anual. En términos del crecimiento económico por persona, el PIB venezolano creció en este periodo un 18,2%. Es interesante contrastar esta cifra con los datos del periodo previo a primera victoria electoral de Chávez, cuando la economía venezolana sufrió una de las peores caídas del mundo. Entre 1978 y 1998 el PIB por persona sufrió una contracción del 21,5%.

Si nos centramos en el periodo posterior a la toma de control de la empresa estatal de petróleo (Pdvsa) por parte del gobierno bolivariano (anteriormente bajo control de sectores abiertamente hostiles al gobierno, que utilizaron el sector petrolero estatal para tratar de desestabilizar y derrocar al gobierno electo) los datos de crecimiento mejoran espectacularmente. El PIB real venezolano creció en un 94,7% en 5,25 años, lo que significa un ritmo anual del 13,5%.

Un dato importante a tener en cuenta es que el sector no petrolero ha disfrutado, en gran parte, de tasas de crecimiento mayores al sector petrolero. Lo mismo puede decirse del sector privado.

Lucha contra la pobreza

Según el informe Nuestra Democracia [9], elaborado por la Organización de Estados Americanos (OEA) y el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), Venezuela encabeza la lista de países de América Latina que más redujo la pobreza. Los datos confirman que [8]

el porcentaje de hogares en condiciones de pobreza se ha reducido en más de la mitad, desde un 54% en el primer semestre de 2003 hasta un 26% para finales de 2008. El porcentaje de hogares en extrema pobreza disminuyó aún más: una caída del 72%, hasta un 7% de hogares en condiciones de pobreza extrema.

Igualmente, en el periodo 1998-2008 el índice de Gini (coeficiente que mide el nivel de desigualdad de un país; con 0 correspondiendo a una igualdad perfecta y 1 a la completa desigualdad) ha caído, en tanto por ciento, aproximadamente 6 puntos, desde 46,96 a 40,99. Podemos compararlo con la evolución seguida con dicho indicador en EEUU, que entre 1998 y 2005 experimentó un cambio similar pero en dirección opuesta, aumentando de 40,3 hasta un 46,9.

Salud

En los diez primeros años de gobierno bolivariano, la mortalidad infantil [8] ”se ha reducido por más de un tercio, cayendo desde unas 21,4 hasta 13,7 defunciones por cada 1000 nacidos vivos”. Igualmente, los venezolanos han disfrutado de importantes avances en seguridad alimentaria. En particular [8],

el consumo calórico promedio ha aumentado desde un 91,0 % de los niveles recomendados en 1998 hasta un 101,7% en 2007. Aún más importante, las muertes relacionadas a la malnutrición se han reducido por más de un 50%, desde 4,9 a 5,3 defunciones por cada 100.000 habitantes entre 1998 y 2006.

Por otro lado [8],

en 1998, el 80% de venezolanos tenía acceso a agua potable y el 62% a servicios de saneamiento. En 2007, el 92% tenía acceso a agua potable y el 82% a saneamiento.  En comparación con el año 1998, aproximadamente cuatro millones de venezolanos más tienen ahora acceso a agua potable y más de cinco millones más a servicios de saneamiento.

En cuanto a la atención sanitaria ofrecida a la población venezolana,

entre 1999 y 2007, el número de médicos de atención  primaria en el sector público aumentó por más de doce veces, de 1.628 a 19.571, brindando así atención médica a millones de venezolanos en situación de pobreza que previamente no tenían acceso a servicios de salud. En 1998, el país contaba con 417 salas de emergencia, 74 centros de rehabilitación y 1.628 centros de atención primaria en comparación con 721 salas de emergencia, 445 centros de rehabilitación y 8.621 centros de atención primaria (incluyendo las 6.500 clínicas populares, generalmente en barrios de escasos recursos) para febrero de 2007.

Educación

En materia educativa [8]

La tasa de escolaridad neta para la educación básica (grados del 1 al 9) ha aumentado desde un 85 hasta un 93,6%, y la escolaridad para la educación secundaria ha aumentado aún más, desde un quinto de la población hasta más de un tercio [...] Para la educación secundaria, el aumento significa que un 14,7% de adolescentes entre 15 y 19 años de edad, lo que equivale a alrededor de 400.000 individuos, han tenido la posibilidad de continuar su educación como resultado directo de una mayor inversión social. Los avances más importantes se han dado en la educación superior: entre los años escolares 1999-2000 y 2006-2007, la escolarización aumentó en un 86%.

Otros datos

En los primeros diez años de gobierno bolivariano (1998-2008) :

  • El desempleo cayó desde un 11,3% hasta el 7,8%.
  • El número de beneficiarios del sistema de seguridad social se ha más que duplicado.
  • La deuda pública total ha disminuido desde 30,7% al 14,3% del PIB.

Referencias

[1] Pascual Serrano, Ahora Chávez persigue a Los Simpsons.

[2] Pascual Serrano, El País, Los Simpsons y Padre de familia.

[3] Pascual Serrano, Era en Francia, no en Venezula.

[4] Pascual Serrano, Venezuela y Cuba como munición. 

[5] Pascual Serrano, En Venezuela prohíbe Chávez, en Francia la justicia.

[6] Pascual Serrano, Venezuela, donde lo normal siempre es un escándalo.

[7] Santiago Alba Rico, Y de pronto, la revolución.

[8] Mark Weisbrot, Rebecca Ray y Luis Sandoval. El gobierno de Chávez después de 10 años: Evolución de la economía e indicadores sociales. Center for Economic and Policy Research (CEPR). Febrero 2009.

[9] TeleSur, Naciones Unidas y OEA confirman reducción de pobreza en Venezuela.

Safe Creative #1108199891146

It’s a free world

Tras la aparición en pantalla del título de la película, It’s a free world…, Ken Loach fabrica una poderosa contra-imagen a base de varias secuencias de la vida cotidiana. Así, la frase ”Es un mundo libre…” se contrapone, por ejemplo, con imágenes de trabajadores esperando el transporte público que los llevará, como cada día, a su puesto de trabajo. Dicha ruptura entre imagen y texto ilustra muy bien la disonancia existente entre el discurso que nos inunda en la sociedad capitalista y nuestra práctica cotidiana.

Libre es el mercado que hace a todos los trabajadores competidores a escala global. Libre es la competencia no falseada que propugna la Unión Europea y que prohíbe o desalienta la gestión pública de nuestros recursos. Libre debe ser la prestación de servicios por empresas de la UE según la Directiva sobre desplazamiento de trabajadores que sirve al Tribunal Europeo de Justicia de coartada para reducir drásticamente los derechos de los trabajadores (véanse [1] los casos Vaxholm, Viking y Rüffert). Como bien señalaba Marx [2]:

Señores, no os dejéis imponer por la palabra abstracta de libertad. ¿Libertad de quien? No se trata de la libertad de un simple individuo, en presencia de otro individuo. Se trata de la libertad del capital de aplastar al trabajador.

La democracia capitalista se presenta así misma como el mejor de los sistemas posibles. Para reproducir las relaciones sociales que le son necesarias, ésta nos somete a una dominación ideológica por muchos confundida con el fin de las ideologías. En España tenemos pruebas fehacientes de su eficacia. Así, desde la firma del Estatuto de los trabajadores en la tan laureada Transición Española las derrotas cosechadas por la clase trabajadora han sido innumerables (ver por ejemplo Papeles de la FIM, 26-27, La clase trabajadora, después del Estatuto de los Trabajadores y sus reformas.). Numerosas reformas que han ido acompañadas de una atomización de la clase trabajadora (expresamente buscada por la patronal) y de un fuerte retroceso de las rentas del trabajo frente a las rentas del capital. Parece que la llegada de la democracia no puso las cosas tan fáciles como pensábamos. Como decía Lenin [3]:

 En el más democrático Estado burgués, las masas oprimidas tropiezan a cada paso con una contradicción flagrante entre la igualdad ”formal”, proclamada por la democracia de los capitalistas, y las mil limitaciones y tretas ”reales” que convierten a los proletarios en ”esclavos asalariados”.

A pesar de que esto no es nada nuevo, existe un elemento novedoso en las democracias liberales que las hace a mi entender aún más temibles que aquellas que existían en los tiempos de la revolución bolchevique: la aceptación explícita del acto de sumisión. En palabras de Zizek [6] :

la ideología dominante se esfuerza por vendernos la mismísima inseguridad causada por el desmantelamiento del Estado del bienestar como la oportunidad de alcanzar nuevas libertades: ¿tiene usted que cambiar de trabajo todos los años, dependiendo de contratos de corta duración en lugar de un puesto estable y duradero? ¿Por qué no considerarlo como una liberación de las restricciones que supone un trabajo fijo, y como una oportunidad de reinventarse una y otra vez, para captar y comprender los potenciales ocultos de su personalidad?

Así, el sujeto liberal no sólo es víctima de la opresión a la que le somete el capital sino que además lo asume conscientemente, anulando la posible capacidad de respuesta de la clase trabajadora. Podemos ver un ejemplo de esto en la medicalización creciente de los problemas derivados de la explotación capitalista. Así, al comienzo de la crisis leíamos que [5] ”el Gobierno del Reino Unido destinará 13 millones de libras (14,5 millones de euros) para pagar los servicios terapéuticos a los ciudadanos que sufran problemas psicológicos, como depresión o ansiedad, como consecuencia de la crisis económica”, es decir, aquellos que no asuman con filosofía la pérdida de su empleo tienen un problema y deben ser tratados médicamente.

Por otro lado, en las democracias burguesas, el sujeto liberal posee a su disposición una libertad formal casi infinita que se ve contrarrestada por una libertad real totalmente nula. Por poner un ejemplo, cualquier norteamericano tiene la libertad formal de viajar a donde le venga en gana aunque sólo el 10% de ellos tenga pasaporte y la gran mayoría muera sin poner los pies fuera de su país. Son muy ilustrativos en este campo los experimentos realizados por el psicólogo social Jéan-Leon Beauvois [2] que

establecían la siguiente paradoja: si, después de conseguir que dos grupos de voluntarios accedieran a participar en un experimento, se les informa de que dicho experimento supondrá algo desagradable, contrario a su ética incluso, y si, en ese momento, se les recuerda al primer grupo que tiene la posibilidad de decir que no, y al otro no se le dice nada, en ambos grupos, el mismo porcentaje (muy elevado) aceptará seguir participando en el experimento. Lo que esto significa es que conceder la libertad de elección formal no marca diferencia alguna: aquellos a quienes se les da libertad escogen lo mismo que aquellos a quienes (implícitamente) se les niega [6].

Es imperativo pues, defender frente a esta falsa elección la libertad real como aquella que es capaz de transformar el marco en que nos movemos. Como resume Zizek [6],

la elección verdaderamente libre es aquella en la que no sólo escojo entre dos o más opciones dentro de un par de coordenadas dado, sino aquella en la que decido cambiar el propio conjunto de coordenadas. Así se explica los ataques de Lenin contra la libertad ”formal”: no hay ninguna democracia ”pura”, siempre deberíamos preguntar a quién sirve la libertad, cuál es la función de dicha libertad en la lucha de clases. La libertad ”formal” es la de elegir dentro de las coordenadas de las relaciones de poder existentes, mientras que la libertad ”real” señala el espacio de una intervención que socava las coordenadas en sí.

[1] El dumping social en europa: los casos vaxholm, viking y rüffert y la futura
directiva bolkestein. Utopias / Nuestra Bandera, Número 216, 2008.

[2] Jean-Léon Beauvois. Tratado de la servidumbre liberal. La Oveja Roja, 2008.

[3] V. I. Lenin. Contra el revisionismo, la revolución proletaria y el renegado Kautsky.

[4] Carlos Marx. Extracto de un discurso pronunciado ante la Asociación democrática de Bruselas. 7 de Enero, 1848.

[5] Pascual Serrano. Perlas del mes de marzo de 2009, http://www.pascualserrano.net.

[6] Slavoj Zizek. Prólogo al Tratado de la servidumbre liberal, de Jean-Léon Beauvois. La Oveja Roja, 2008

Safe Creative #1108119847819