Spain is different

Cuantas veces hemos oído que los españoles no estamos suficientemente preparados para hacer tal o cual cosa. Un pensamiento recurrente es que tenemos que esperar pacientemente a que la formación, el nivel cultural o el grado de civismo de nuestro pueblo alcance cotas mayores para poder aspirar a cualquier atisbo de transformación social. Bajo mi punto de vista, dicha postura encierra una visión equivocada del cambio social, profundamente estática y antidialéctica. Son las mismas situaciones de cambio social las que producen a su vez cambio en los agentes que las llevan a cabo. Parafraseando a Machado, ”caminante no hay camino, se hace camino al andar”.

Este enfoque niega la naturaleza contradictoria del cambio y conduce a un inmovilismo total en lo que respecta a la lucha social. No debemos pelear por que las cosas cambien porque las condiciones materiales para ello no se encuentran todavía presentes. De forma análoga, algunos miembros eminentes de la socialdemocracia alemana de principios del siglo XX, por ejemplo Eduard Bernstein, tiraban por la borda la lucha de clases propugnada por Marx al profetizar la implantación paulatina del socialismo a través de la transformación gradual y prudente de la sociedad capitalista. Solo quedaba esperar a que la locomotora de la historia nos llevara al destino soñado. Respecto a esto, podríamos citar a Marx cuando afirma que

la teoría materialista de que los hombres son producto de las circunstancias y de la educación, y de que, por tanto, los hombres modificados son producto de circunstancias distintas y de una educación modificada, olvida que son los hombres, precisamente, los que hacen que cambien las circunstancias y que el propio educador necesita ser educado. Conduce, pues, forzosamente, a la división de la sociedad en dos partes, una de las cuales está por encima de la sociedad. La coincidencia de la modificación de las circunstancias y de la actividad humana sólo puede concebirse y entenderse racionalmente como práctica revolucionaria [1].

Ahí está el quid de la cuestión, sólo mediante el cambio de las condiciones de explotación a las que nos somete el capitalismo podremos avanzar en la resolución de las contradicciones existentes [2].

No podemos soñar que mediante una mayor educación de la sociedad en el seno del sistema capitalista se obtengan las condiciones necesarias del cambio por el sencillo motivo que la escuela y los medios de formación de que disponen nuestras sociedades son también, como diría Althusser, Aparatos Ideológicos de Estado volcados en la reproducción de las condiciones de explotación que el capitalismo necesita. La lucha contra la abolición de dicha explotación permite de forma dialéctica el aprendizaje y la educación de los actores involucrados en el cambio. Mientras exista explotación del hombre por el hombre, podemos esperar sentados que lo que se generará será  ”la acumulación de riqueza en un polo […] y la acumulación de miseria, tormentos de trabajo, esclavitud, ignorancia, embrutecimiento y degradación moral en el polo opuesto” [3]

[1] Calos Marx, Tesis sobre Feuerbach.

[2] Aunque por el camino apareceran, eso seguro, algunas más.

[3] Carlos Marx, El Capital, Libro I, Tomo III, Capítulo XXIII, Akal 2007, p. 113.

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