La democracia liberal

En nuestras sociedades occidentales la ”democracia” se ha convertido en un fetiche, una palabra hueca sacralizada por la ausencia de crítica que denota una forma muy concreta de sistema parlamentario nacido a raíz de las revoluciones burguesas del siglo XVIII y XIX y que sirve para legitimar las agresiones más brutales a aquellos que no se encuentran ungidos por ella. Del etimológico poder del pueblo griego, la ”democracia” se ha transformado en un emblema [1] que permite a los que la invocan definir claramente los límites de lo aceptable. Así, por ejemplo, en nombre de la ”democracia” se cierran periódicos [6], se prohíben partidos políticos [5] y se calla a gritos al que opina distinto en nuestro Estado [4], se invade Afganistan e Irak, se bloquea a Cuba, se bombardea Ecuador o se realiza un continuo hostigamiento al gobierno venezolano [2].

Sin embargo, si entendemos por democrático cualquier sistema donde la inmensa mayoría de la población pueda decidir libremente sobre su propio futuro, podemos afirmar de forma categórica que capitalismo y democracia son conceptos antagónicos. ¿Acaso se puede calificar de democrático un sistema donde un puñado de individuos acapara la propiedad de los medios de producción obligando al resto a vender su fuerza de trabajo para subsistir? No, no puede recibir dicho apelativo un régimen donde una esfera social tan importante como la economía escapa al control popular y donde la gran mayoría de la población, los trabajadores asalariados, pasa más de un tercio de su vida en estructuras – los centros de trabajo – donde no tiene ni voz ni voto. Sólo introduciendo la democracia en los centros de trabajo y otorgando la posibilidad a los trabajadores de decidir democráticamente qué, y cómo, van a producir, podremos romper las cadenas con que el capitalismo nos ata.

En el día a día recibimos multitud de ejemplos que nos ilustran que el llamado ”sistema democrático” no es [7]

un marco vacío que puede ser usado por diferentes actores políticos, sino que existe un ”sesgo de clase” inscrito en este cuadro institucional vacío.

La reciente reforma constitucional no es sino el último ejemplo de una larga lista de ”anomalías democráticas” que son en realidad hijos legítimos de nuestro sistema liberal. Citando a Lenin [3],

no puede hablarse de ”democracia pura” mientras existan diferentes clases, y sólo puede hablarse de democracia de clase […] pues la democracia burguesa sigue siendo siempre — y no puede dejar de serlo bajo el capitalismo — estrecha, amputada, falsa, hipócrita, paraíso para los ricos y trampa y engaño para los explotados, para los pobres.

Es por eso que el signo de autenticidad cuando la izquierda llega al poder por la vía electoral, es el hecho que [7]

ella comienza por cambiar las reglas — no solamente los mecanismos electorales y estatales, sino la lógica completa del espacio político, apoyándose directamente en los movimientos de movilización, imponiendo nuevas formas de auto-organización locales, etc. para garantizar la hegemonía de su base.

Por eso, frente a este marco viciado que supone la democracia formal en la que vivimos, se impone, más necesaria que nunca, la tarea de crear un nuevo orden donde

la circulación no sea la de la moneda, ni el orden de acumulación el del Capital. Se negará entonces confiar el devenir de las cosas a la propiedad privada

pues como afirma Badiou [1]

lo contrario de la democracia, en el sentido que le da, en el momento de su crepúsculo interminable, el capitalo-parlamentarismo, no es el totalitarismo, ni la dictadura. Es el comunismo. El comunismo que, para hablar como Hegel, absorbe y sobrepasa el formalismo de las democracias limitadas.

Referencias

[1] A. Badiou. L’emblème démocratique. Démocratie, dans quel état? La Fabrique éditions, 2009.

[2] Adrián Carmona. Algunos datos sobre Venezuela. Rebelión, 25 de Agosto de 2011.

[3] V. I. Lenin. Contra el revisionismo, la revolución proletaria y el renegado Kautsky. Editorial Fundamentos, 1975.

[4] Santiago Alba Rico, Belén Gopegui, Pascual Serrano y Carlos Fernández Liria. Imponer silencio a gritos. Rebelión, 4 de Marzo de 2010.

[5] Isaac Rosa. Homeopatía en las listas de Bildu. Público, 28 de Abril de 2011.

[6] Isaac Rosa. Egunkaria: que se haga justicia. Público, 1 de Febrero de 2010.

[7] S, Zizek. De la démocratie à la violence divine. Démocratie, dans quel état? La Fabrique éditions, 2009.

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